26 enero 2015
Diez putos años
Recuerdo que al llegar la mañana me miraste. Me distraje de todo y entonces lo que conocía por suelo terminó siendo cielo e infierno a la vez. Una combinación de atar que se me hundía en la sien. Adentro, afuera, alrededor. Una especie de absoluto postergado entre bocas, entre pieles, entre almas.
Desajustaste las tuercas oxidadas sin el mínimo esfuerzo. Después, con la llamarada encendida de tus filos, atravesaste en silencio todos mis letargos. Dibujaste en mi costado siete lunas plateadas y sucumbiste a flor de piel en una especie de intimidad que había claudicado a causa de eclipses pasados.
Me estrujaste desde adentro. Con tus ojos, con tus labios, con tus dedos... con tu humanidad animal.Y sin más palabras que gemidos me deslicé sobre ti. Consumando los segundos, desgastándome en la desnudez infinita de tu alma y de la mía.
Ya extasiados, recuerdo que al llegar la mañana me miraste. Y vi que en tus ojos aún llevabas restos del cielo de la noche anterior. Desde entonces fueron tuyos mis segundos, mis silencios y mi finito. Desde entonces nos anclamos más allá de los quejidos y del hormigueo visceral. Desde entonces tú y yo somos más que esto, sin que notásemos que nos había pasado una puta década.
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24 enero 2015
Hoy me vienes en recuerdo
Un ronquido, un acierto, un huracán.
Ellos son una especie de enfermedad.
Son el extremo, orillas equidistantes.
Son el lado opuesto, cara o cruz.
Se me escapa un recuerdo de ti.
Se me escapa la franqueza de estos sentimientos.
Esos que me dicen que aún, que todavía, sigues aquí.
Sin pretextos, sin necesidades, simplemente lo estás.
Me pasa que los razonamientos y las lógicas se han quedado sin respuestas.
Enrededados en explicaciones injustificadas,
en el intento vano de algo por coincidir,
en el calendario de solo domingos.
Llegaste en forma de ronquido, de acierto, de huracán.
Te fuiste detrás de una cabalgata de utopías que iba más allá de mí, de nosotros.
Y ya no importa lo que haz sido, lo que somos.
Tus formas se desvanecieron levemente,
entre ríos de memorias en sepia,
entre nostalgias maquilladas y
desamores arrancados de piel en piel.
Hoy me vienes en recuerdo, en melodía, en poesía.
Hoy tus ojos negros son ese otro fantasma que no se va.
Llegas y me abres el pecho de extremo a extremo,
matándome, dejándome, llevándote... esta vez el miedo,
y las penas.
Ellos son una especie de enfermedad.
Son el extremo, orillas equidistantes.
Son el lado opuesto, cara o cruz.
Se me escapa un recuerdo de ti.
Se me escapa la franqueza de estos sentimientos.
Esos que me dicen que aún, que todavía, sigues aquí.
Sin pretextos, sin necesidades, simplemente lo estás.
Me pasa que los razonamientos y las lógicas se han quedado sin respuestas.
Enrededados en explicaciones injustificadas,
en el intento vano de algo por coincidir,
en el calendario de solo domingos.
Llegaste en forma de ronquido, de acierto, de huracán.
Te fuiste detrás de una cabalgata de utopías que iba más allá de mí, de nosotros.
Y ya no importa lo que haz sido, lo que somos.
Tus formas se desvanecieron levemente,
entre ríos de memorias en sepia,
entre nostalgias maquilladas y
desamores arrancados de piel en piel.
Hoy me vienes en recuerdo, en melodía, en poesía.
Hoy tus ojos negros son ese otro fantasma que no se va.
Llegas y me abres el pecho de extremo a extremo,
matándome, dejándome, llevándote... esta vez el miedo,
y las penas.
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22 enero 2015
50 otoños de poesía y versos gastados
Viendo a través de tus ojos, veías a través de los míos.
No te dije nada, tampoco lo hiciste tú.
Nos deshicimos en espejímos, en arandelas transparentes.
Nos perdimos en límites paralelos.
Tu vida y la mía, nuestras vidas se habían gastado en un frasco viejo de recuerdos.
En un diccionario limitado de despedidas, en una carta en blanco que murió en otoño.
Nos deshicimos 365 veces, nos tejimos otras 365 veces de vuelta.
Con un beso endeudado, con una caricia en el aire,
como quien espera otra u otras.
Como quien aún siente los huesos pegados al alma, pero sabe que ya están rotos.
Tú y yo cosimos palabras en medio de días floreados y de noches escarchadas.
Después nos quedaron pendientes como 50 tazas de café al despertar.
Adeudamos "te quieros" secos, maquillados, anulados, perdidos.
Y luego, tejimos un par de sueños más a través de las hileras invisibles
de nuestros sentimientos. "Qué los sueños sean mentiras de verdad",
me lo tatuaste en el alma.
¿Qué veía en tus ojos?, ¿qué veías en los míos?
Un arcoiris desteñido en mitad de 50 otoños de poesía y versos gastados.
*Imagen tomada de https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/736x/6b/03/a4/6b03a468f7860319e6a16c3260886f18.jpg
15 enero 2015
Versos que no riman
Romperse dentro. No. Esta vez no.
Tumbarse en medio de una colina de sueños oxidados.
No hay repuestos para las ausencias.
Ni él se va a marchar ni ella tampoco.
Penas endeuda...
Ella parece sin fuerzas; enredada en la piel de otro.
Sin miedo, tejiendo valentía con suspiros del alma.
Viejas cosas, viejos recuerdos del querer
Envueltos en caricias, en cariños, en complicidades.
En miradas de vueltas. En silencios ilimitados.
La piel no se gasta, el amor no deja de ser.
La poesía. Ellos son la poesía.
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31 diciembre 2014
¡Salud 2015!
Le quité las pilas al reloj, para ver si así el tiempo me prestaba un par de horas más. Quise detenerlo después de que amaneciera. Y amaneció enero sobre ti. En tus labios, en tus ojos, en tu cuerpo desnudo, en tu piel.
Aquello fue solo un pensamiento utópico. Un pasaje que dibujé mientras se iba otro año más y le pedía a las estrellas un "ojalá cumplido". Pero creo que ya va siendo hora y tiempo de aterrizar las ideas fantasiosas. De sobreponerme a todos los miedos injustificados que se atrincheraron pálidamente. De cortar las raíces a amores fantasmas, imposibles y dañinos.
Por un tiempo dejé que la arena se volviera barro y que el universo reventara todas las mañanas en mi taza de café. Por un tiempo fui ciega, sorda y muda. Era simple y justificado. Por un tiempo los ciclos se volvieron un vicio y los malos hábitos parecían tatuarse profundamente en la rutina diaria de mi existencia.
"Quemar el tiempo pasado". Creía que lo hacía con horas interminables de poesía, de besos robados, de amores fugaces, de sueños plausibles. Lo creía.
Pero vino de golpe este instante, en el que todos los pensamientos se acomodaron tranquilamente. Recapacité sin lógicas ni razones absolutas, empecé a alejarme de quienes creía que eran más que compañeros de viaje. Busqué alejarme de ellos y de mí misma.
De rastrillarme cuestionamientos absurdos sobre el pasado, el futuro, el amor, la vida, el tiempo, el dolor. Desacomodé todas las cartas que creía puestas en su sitio. De empujarme a las vías contrarias que me alejaban de mi centro, de mi norte, de mi sur. De cuestionarme sobre incógnitas irresueltas. De buscar respuestas a preguntas que no las tenían.
Me tumbé en el suelo. Y allí estaba. El cielo de esta ciudad, forrado de estrellas. Recordándome el "ojalá cumplido" de tiempo atrás. Me tumbé cansada de mi propia impaciencia, de viejos resentimientos, de odios viscerales, de anhelos prestados. Llegué al límite, rompí el ciclo insano.
Iba por la vida creyendo en las irregularidades, atracando en pasiones hostiles, endeudándome con enojos efímeros. Pero todo lo sucedido, todo lo pasado me ha permitido tener la certeza de algo a mis 26: la vida es un eterno viaje de subidas y bajadas. Y aquí estoy en bajada. Tomando el impulso para subir otra vez. Ciertamente la felicidad no es prestada, es una elección. Elijo ser feliz en este 2015.
Un desafío, enfrentándome a una nueva perspectiva, a un nuevo yo que desconozco pero que aflora en mi interior, exigiéndome esta vez la lucha inacaba por encontrarme nuevamente y redescubrime. Pero sobre todo, a creer que hay promesas que sí se cumplen.
¡Hola 2015!
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