07 abril 2011

Tonto corazón

En blanco, tres puntos suspensivos y luego el final. A la vuelta del pasado ya no pensaba en lo que todavía quedaba del presente, sino en la manera de avanzar y no encontrar las nostalgias del futuro. 

Señor, el amor y el desamor se juntaron, se entrelazaron de una vez y para siempre, y conmigo quedó esto: un tiempo después del mañana y tantas preguntas sin respuestas. No se trata de hallar la otra mitad o algo parecido a cariños verdaderos, hoy comprendo que nadie está para quedarse, que durante el paso de la vida, las personas que llegan buscan excusas para marcharse. Eso de las despedidas no fue hecho para mí.

Ojalá pudiera aceptarlo de una vez, renunciar a lazos que ya se rompieron y noches que vendrán entre recuerdos y canciones. Pero aun ni siquiera para eso, me he preparado. 22 años y por esta ocasión, no escribo de otros, ni alimento un poco la imaginación, en este momento son mis miedos, mis dolores, mis angustias, mis decepciones, mis fracasos los que se quedan aquí. 

Cigarrillos en la espera, noche de alcohol en ausencia, lágrimas de primavera, abril sin margaritas y otra vez el mismo corazón roto. 

27 marzo 2011

El amor después del amor

Pasan días de aquellos donde se juntan las inestabilidades y la depresión está a la orden del día. Se ignora el brillo del tiempo y el color de los despertares.


No creo que haya sido equivocación atarme algunos meses a tu vida, hallar ese complemento perdido de años pasados cuando todavía no habíamos coincidido, y pasó en el momento justo, en las horas necesarias y a la fecha totalmente inesperada. 


Tiempo fuera 
Pero mis estados de ánimo lo echaron todo a pique, trastocaron todo el compás del romanticismo y terminaron cercenando las cuantas ilusiones puestas en muchas noches de pasión.


Uno se acostumbra al cariño, a los amores, al sentimiento, a la compañía, jamás a la tristeza que viene después de la despedida. Queda el desastre y uno vuelto mierda. Tan exacto y patéticamente como este momento. Las llamadas en espera, las cartas que no llegaron al destinatario y los besos que se quedaron a mitad de una conversación que nunca terminó.


Podría contarte durante mil horas las pendejadas que se cometen por amor, inventar las excusas para no romper los amoríos, y caer en la absurda desesperación de tomar el teléfono para escuchar tu voz. Pero prefiero ahorrar el melodrama y dejar las evidencias en el vacío, en un espacio definido por el pensamiento, que es este lugar, donde luego será pasado y encontrar la fórmula para aprender a despertar sin derramar una lágrima más. 


Los besos, las caricias y los susurros ya fueron tatuados más allá de la piel. Y el aroma del recuerdo será otro sin sabor que deja la vida cuando se abre el corazón. 

04 febrero 2011

Quiero cambiarme el corazón

Todo queda en nada. Después de varios días ausentes y de palabras sin contacto, ya no pude calibrar más los miedos. Aluciné noches en vela, mañanas a oscuras y tardes con sabor a limón. Y eso de pensar en mí para vivir por ti, no funcionó. Me sentí perdida, porque no vinieron tus besos ni tu compañía a rescatarme. Y el poco amor me envenenó las alegrías, me contagió de soledades y penumbras absurdas. 
Quiero cambiarme el corazón y callarle los latidos que ya no merecen ser tuyos. Y esta noche fue un refugio, un vertedero de lágrimas en el colchón , un nudo en la garganta y la pena por otro amanecer desteñido. 
Se secaron tus detalles y con ellos tus cariños.
Quiero cambiarme el corazón y callarle los latidos que ya no merecen ser tuyos.
 Caigo mal herida, deshecha, con las alas rotas. Y tú, al otro lado del mundo superando mi recuerdo, descubriendo que no estabas en lo cierto y creyendo en la certeza de que solo fuimos un azar de la suerte y no una coincidencia jugada por Dios.
Quiero cambiarme el corazón y callarle los latidos que ya no merecen ser tuyos. 

11 enero 2011

Ya no hay para DoS :(

Volver a leerlos, a mirar entre líneas sus pensamientos, decepciones y pérdidas me ha hecho suspirar una vez más. Antes parecía perfecto: el amor y sus mejores años, el amor y todas las compañías inolvidables que jamás quebraron en llanto. Ahora, pareciera que leerle duele un poco, suspirar en él, retener las lágrimas y tragarse los por qué. 

Ya no me interesa preguntar, ya no me importa. Que se pasen los días, que se pase la vida, que se pase el tiempo. 

15 noviembre 2010

A volar lejos

Y que la vida resulta tan inesperada. Y las personas olvidan el significado de ser libres y el mundo se vuelve una pesadilla cuando el pudor y la justicia se extravían sin hallar sentidos. No me gusta el melodrama, pero vivo en él, odio las mentiras y a mi alrededor se han construido demasiados barcos con ellas.

Que las palabras nunca serán suficientes para gritar de impotencia por la crueldad de realidades desiguales y partidas a simétricamente por la opulencia de dueños sin  madres y huérfanos de sensibilidad. Me sorprende que ni siquiera una canción, tan pequeña y humana, tan cursi y sentimental sea capaz de revolver el alma de algunos utópicos y soñadores. 

Esa clase de vida que hemos soñado desde la primera vez que vimos el mundo sin máscaras y de golpe: lágrimas y llanto. Luces amarillas y verdes de vez en cuando, caminos florecidos bajo cielos estrellados. Quedan algunos cuentos, novelas e historias que merecen la pena ser contadas con la verdad, y no con verdades a medias.

Me pido tantas noches primitivas, abrazadas bajo la estela natural del firmamento. Me pido un espacio entre las estrellas y el viento fresco de diciembre. Me pido un lugar entre los cuentos de los abuelos, de los bisabuelos bajo del palo de Mango en cualquier pueblito que ni siquiera está registrado en  el mapa de mi país. Me pido una plegaria, una oración sin credos ni Padrenuestros, de esa manera tendré cien razones para olvidar lo malo, las heridas y volar lejos de aquí. 

04 noviembre 2010

Tarde

Lo admito fue difícil encontrar un lugar que nos llevara a nuestras cosas en común. Por naturaleza éramos desiguales como lo canta Tiziano Ferro "somos hijos de mundos distintos de misma memoria". No quiero llorar porque aquello resultó efímero y la vida pasó demasiado rápido, antes que mis ganas fueran menos intensas. 

Si me tomas una foto, qué pasaría con ella después de algunos años, cuando la casa donde alguna vez hicimos historias y rompimos lazos pasados ya no será la misma y tal vez habrá desparecido del barrio bajo otra pintura, otras gentes y otros olores. No me tomes una foto, solo intenta dibujarme en tu interior para que alguna vez la parte  de mí que se quedó contigo te robe algunas buenas sonrisas y no más lágrimas.

Lo admito fue difícil reconocerlo, decírlo y después olvidarlo: noviembre sin ti.


16 septiembre 2010

Nunca volviste

Me quedé en blanco. A las 6 todo se volvió gris y oscuro, pensé que nos toparíamos en el camino. Que después de estos meses le comerían las ganas y me sorprendería a la entrada de mi casa. Me equivoqué.



¿Qué hay detrás de mis ojos? las lágrimas que no he querido derramar. Me serví el chocolate caliente, escuché los mensajes del contestador y hojeé algunas cartas de mamá. Adentro sabía que todo estaba roto, deshecho. Ojalá y las veces que me pasa estuviera menos sola. Busqué algunas lecturas que recrearan mi existencialismo para dejar un poco el drama y la soledad. Pero confieso, que me gusta estar así. No es que quiera estar sin compañía, o permanecer encerrada en cuatro paredes mudas, pero desde siempre he preferido vivir acompañada de mí misma que de extraños conocidos.

Todos los día paso por la misma calle, nunca nos encontramos. Si supiera a dónde debo ir rompería los vitrales de la habitación y dejaría todo en su lugar sin mí. Nunca he dicho cuánto duele, jamás he contado el llanto, escribo para acompañarme y camino cuando llueve para sentir que a veces estoy con alguien parecido a mí.

"Estaré de vuelta". Todavía lo sigo esperando. Algunos se parecen, otros están de más. Voy a apagar la luz, dormiré un poco y supongo que mañana será otro para escribir.

02 septiembre 2010

Carta a Carlos H.

"Si pudiera un instante reconocer que no soy buena diciendo algunas cosas que debería, todo estaría mejor. Algunas veces, el ruido de afuera es como una jeringa de anestecia, el efecto permanece algunos minutos y después todo vuelve a la normalidad. y luego me pregunto si las cosas están bien o si debería tomar la siguiente estación y cambiar por fin de dirección.

Pero como soy yo, sé que no lo haré y derramaré las mismas lágrimas por otras razones y el corazón de nuevo sufrirá por culpa de absurdas decepeciones. ¿Qué si el cielo se abre y caerá una estrella? quizás. He dado la vuelta cientos de veces y al final queda un puñado de nada que no dice lo que necesito escuchar. Creo que es tiempo de dejar de contar las historias, de creer en la resignación o la casualidad, porque el amor no es canjeable por suerte ni por canciones de alquiler.

Alguna vez, estando allí tan cerca de un desconocido que había trastocado una parte escondida del alma supe que podría sentir pasiones desiguales por cualquier extraño y jamás despertarlas en él, porque el mundo allá afuera está demasiado ocupado en asuntos que nada tienen que ver con poemas, cigarrillos y cartas de amor. Después de interpretar el lenguaje del silencio, de encontrar inexplicables despedidas y arder de rabia por sentimientos que explotan cuando quieren sin pedir permiso, me anduve a la ligera y tomé un par de respiros para dejarle alquilado al destino las heridas secas".


Atte: Mariposa

09 julio 2010

12 de mayo

Estaba ahí, de frente a mi ojos, otra escena repetida. No necesitó decir nada más para saberlo, su silencio entre cortado era suficiente. Después volteé el rostro, miré por la ventanilla del autobús, junté mis manos entre mis piernas y hablé en silencio con Dios para contener mis lágrimas: la otra parte del corazón quedó entre sus manos.

14 junio 2010

Desearía que estuvieras aquí, que no preguntaras lo que quiero, pero sí que lo supieras. Ojalá y no tuviera que soñarlo la mayoría de las veces, pero resulta tan lamentable que te vayas cada vez que intento detenerte, no lo sospechas. Cuando aprisiono mi mano fuerte en la tuya y me voy encima de ti con un abrazo que puede partirte hasta el alma, o cuando busco tus labios y me quedo en ellos sin la mínima intención de despegarme un segundo.

No siempre estoy en el lugar correcto, no siempre siento como debo, ni deseo como quiero. Es mejor cuando se estallan todas las ganas juntas en una canción que me hace gritar a todo pulmón y el resto de las tristezas se desvanecen con mis lágrimas. Si pudiera ir hasta tu lugar y declararte todo lo que ya no puedo callar, no cambiaría nada porque contigo lo he hecho cientos de veces, pero jamás me escuchaste.

No me puedo acostumbrar a cariños prestados ni emociones pasajeras. Ya estoy cansada de eso...desearía que estuvieras aquí y no tuvieras que dejarme como lo han hecho todos.

23 abril 2010

Poema sin dueño

Cuando el tiempo se fue después de las 10 de la noche, se vino un pasado oculto tras las lágrimas que el corazón no había llorado jamás. Años anteriores, la vida menos injusta se paseaba cientos de veces en las estaciones de verano. Escribía en aquella destartalada máquina de escribir que me había regalado mi abuelo Manuel, me había acostumbrado al sonido de las teclas y a la brisa que se colaba por el balcón.

La desnudez de los sentimientos caía postrada a la medianoche cuando un pedazo de la soledad era inspiradora de instantes pasados, amores olvidados, besos gastados, sonrísas efímeras, primaveras anticipadas, otoños debajo del naranjo y despedidas imposibles de dejar atrás. He querido matar el dolor en poemas inventados, cansados de melancolía y demasiadas historias que no me pertenecen, he querido estallar contra la monotonía y revelar aquellos secretos que me duelen hasta los huesos.

Si pido deseos a las monedas de la suerte y las tiro al pozo mágico, solo queda un pensamiento echado al viento cuando los únicos testigos de aquel acto han sido otros desconocidos. Los sueños con los pies en la tierra están escondidos en los ojos de mi alma, las promesas que nadie conoce las llevo conmigo entre hojas y papeles guardados en el cajón del escaparate.

A veces quisiera una hamaca en mi habitación, una isla perdida y la luna todos los días.

02 abril 2010

A las afueras del banco

Ojalá y no fuera tan duro decir adiós a quien es imposible decírselo, imagino que nunca se está preparado para ello. 

Después de casi diez años, el viernes por la tarde me encontré con Miguel en el banco: fue mi primer confidente cuando apenas sabia que los besos tienen sabores distintos y emociones desiguales.

Conocía mis tristezas sin ni siquiera mencionarlas, ese día no fue la excepción. Ya no era aquella joven de 19 años que se dejaba arrastrar por sus impulsos, pero él me conocía de una manera sorprendente. 

"No has cambiado la forma de sonreír cuando ya no puedes aguantar la ganas de llorar, el brillo de tus ojos es un disimulo pasajero", me dijo sin pestañear.

Era cierto. Ojalá y nunca hubiera tenido que viajar a Argentina, quizás ahora fuéramos novios de verdad y no una aventura más.

Moría por acurrucarme entre sus brazos y quedarme en ellos hasta que ya no tuviera más lágrimas. Me tomó de la mano y me dijo al oído: "tus margaritas azules llegan a la puerta cuando menos las esperes", se refería a las oportunidades que esperaba impaciente cuando volvía con el corazón hecho añicos por culpa de unas copas y pasiones desbordadas. 

Intentaba escapar de la soledad, deseaba con desesperación envolverme en las caricias de alguien que me hiciera despertar ilusiones nuevas, deseos reales y sentimientos eternos. Pero me escondía entre las páginas de los libros y las canciones que inventaba mientras dormía, porque simplemente era imposible dejarme desnudar por ojos extraños y manos de ensueño: tenía miedo de volver a enamorarme como una chiquilla de 20 años. 

Esquivar aquellos pensamientos me condujeron al borde de un callejón sin salida: amante de una noche y llamadas en espera. Al menos estaba Miguel para acompañarme y hacer menos intensa mi culpa. 

Fuimos hasta la Calle de Los Puentes y charlamos por casi dos horas. Aquella eternidad trajo de nuevo a mi rostro la verdadera alegría que hacía tres semanas había desaparecido. Comimos algodón, crispetas de chocolate y chupetas de mandarina.

Creo que ese, había sido el mejor viernes de mi vida antes de volverlo a ver. A las diez de la noche tomó la última ruta del bus y se fue a la terminal, otra vez  el trabajo y el tiempo no terminó separando.

01 febrero 2010

Margaritas en la cama

Me dijo que no me quería, pensé que dolería, pero no. Se me salieron algunas lágrimas por la costumbre de amanecer a su lado y encontrar en la cama mis margaritas azules. Fue un romance de decisiones y no de elección. Lo quise muchas veces y otras lo ignoré.
 
Me fastidiaban sus besos en la ducha y los domingos que pasaba fuera de casa, me acostumbré a sus ausencias en Septiembre, a los ratos sin despedidas y al café sin azúcar que dejaba al borde de la cama.
 
Me dolió menos de lo que pensé dolería, pero los imposibles jamás llegan a ser tan predecibles. Lo mío era una pasión intensa que se fundía cuando sus labios rodeaban mi cuello y mis piernas, explotaba como un volcán en erupción. Nuestras noches eran inquebrantables, de luna llena y de silencios ajenos en patios y terrazas, en islas olvidadas por la geografía y caminos perdidos en ciudades desiertas.
 
A cinco años del aniversario, los sentimientos se fueron desvaneciendo por culpa de otoños ausentes, promesas inconclusas y besos a secas. Llegó a ser uno más por olvidar y otro menos a quien amar, lo demás se fundirá con el tiempo y no dejará rastro.
 
 

30 enero 2010

Un día sin extrañar

No tengo ganas de decir nada, anhelo las caminatas por la Catedral y el helado de chocolate. Hoy, me siento perdida sin su compañía. Se marchó después de una rabieta acalorada que nos hizo estallar por la carga de otras más. 

Rompí en lágrimas por su rechazo, por la indiferencia de sus gestos y la despedida que dejamos pasar. Me duele porque ha traído conmigo instantes imposible de vivir con alguien más, porque en cualquier lugar extrañaré su perfume y sus buenos días antes de ir a trabajar.

El día se pasó con un montón de hojas secas en la terraza y unas canciones que le hacen bien a mis soledades cuando llegan los fines de semana.

24 enero 2010

EN UN DIA COMO HOY

En un día como hoy, dormía para evadir el dolor de cabeza, ni las aspirinas o el dolex aliviaban la migraña de un día y medio. Pero hoy, a las seis de la tarde, después de casi dos meses sin hablarnos volvió al teléfono, el mismo tono    y las palabras usuales, todo seguía como de costumbre. Lo extrañaba menos y ahora estaba conmigo. 


Un par de veces lloré porque nunca respondió las cartas, lo odié por su indiferencia y decidí olvidar que lo quería. Sus recuerdos me trastornaban cuando sonaba Sin Bandera, volvían las lágrimas inútiles y los sentimientos innegables: lo seguía queriendo.

En un día como hoy, besé a Mauricio para jamás volverlo a ver. Unas copas de más y besos robados en el balcón de la cabaña, una de esas noches inusuales que afloran pasiones ajenas. Instantes sin compromisos.


El estado del tiempo trae los aromas de esa noche, las estrellas huelen a estaciones pasadas y el olor del cigarrillo a un beso antes del amanecer. Cosas que pasaron en un día como hoy, personas que llegaron y ya no están a mi lado, y sentimientos que desaparecieron a las semanas siguientes.


Para no perder la costumbre, escucho las canciones que con el tiempo ya no se volverán a oír y paso las horas pegada a las sábanas para evitar que el frío de la madrugada me congele los huesos. Suelen ser días como hoy, como ayer, como mañana: personas ajenas, amores extraños, dolores insoportables, alegrías íntimas y sueños rosas.

09 enero 2010

LABIOS ROJOS

No me gusta septiembre, el olor a chocolate por la mañana ni el queso con mermelada de piña. Me gustan unos labios rojos que no conozco porque son imposibles, me fascina el silencio de la casa cuando es de madrugada. Son manías ajenas que se han adherido con los años, así como los cuentos de mi abuela sobre sus memorias de infancia, esas interminables conversaciones de horas eternas y carcajadas echadas al viento.


Cuando está claro el olvido, se marchitan los dolores de vidas pasadas porque nada se acostumbra a un para siempre; ni el tiempo ni los pensamientos. Por eso, los míos los guardo como secretos debajo de las almohadas, cuando pesan demasiado se escapan con las lágrimas que ya no se pueden disimular y a oscuras en una habitación amiga.


Pero no es un recuerdo lo que mata el sentimiento, son las promesas vacías que se quedaron sin cumplir a las afueras de la iglesia. Iban más allá de experiencias adolescentes o travesuras de jóvenes enamorados, era una vida entera esperando por deseos de cosas imposibles que se podían hacer al revés para dejar de ser imposibles.  


No me gustan los días grises, los chapuzones a mediodía ni las manzanas en la ensalada de frutas. Algunas veces los olvidos son menos dolorosos que las relaciones anteriores, las cicatrices se borran con el tiempo y desaparecen los sentimientos. Extraño suele ser cuando busco esos labios imposibles y los encuentro en la parada del autobús, extraños y ajenos que se cruzan cada tarde en horarios desiguales y por instintos pasionales.


Sin prisas, sin besos de otros y al lado de los labios rojos que ya no llevo como secretos. Al paso de un instante, de un segundo, de un minuto que después será pasado al presente y olvido al futuro. Todavía los recuerdo como en noviembre, sujetos al hombre de la gabardina oscura y metidos hasta las tetas en la boca de otra.






14 diciembre 2009

Besos en el aire

Sus palabras fueron simples. Intenté buscar otro modo de hablarle pero no hubo respuesta, esperaba que me llamara y colgara sus besos en mis labios, pero no.
Volvía de nuevo el silencio, la soledad y las canciones de cama; su despedida fue la misma que la noche anterior: un hasta luego dejado en el aire y una mirada sin sentir.
Son unos versos y algunos poemas rotos. Es una habitación oscura y a solas conmigo, es una espera inaguantable y un deseo que ya no deseo tanto. Es otra historia, con otras lágrimas y otros amores.
Fueron sus besos en el aire lejos de mi boca, lejos de mí. Los sentimientos cambiaron con el tiempo y murieron en tu alma. A veces los míos se han secado, pero los vientos del corazón los renuevan con aquellos recuerdos de otros tiempos, de otros instantes.
Ahora solo tengo besos en el aire, y desamores que duelen y matan ilusiones.