20 febrero 2015

No te perdono

Es un desastre, lo sé. Es una batalla perdida. Eso lo sé de sobra. Pero una vez más busqué el atajo para ganarte la partida. El juego me dejó endeudada, contigo. Fue un día, uno solo. Fueron 24 horas y un café de por medio. 

Hoy en mis oídos retumba esa vieja melodía, entonces se me encadena el alma a los recuerdos. La rosa que se me deshizo en el pelo. El libro con una dedicatoria idílica. Los fuegos artificiales que me explotaban en los ojos, en el corazón, en el alma. Y enero... eras tú.

Era yo, desnudándote, descosiéndote, incitándote a que fueras huracán en un verano que solo ardía en nuestros cuerpos. Era yo, enamorándome de ti y perdiéndolo todo al instante, porque salté y caí en un precipicio por culpa de tu huida y mi pasaporte vencido. 

Es un desastre, lo sé. Porque lo peor de no jurarnos una historia como otra más, no había sido ponerle a todos los acordes punto y final, sino borrarlos y quedarnos como siempre... inconclusos. Haciéndole mofa al maldito destino. Por eso no te perdono. 

22 enero 2015

50 otoños de poesía y versos gastados





Viendo a través de tus ojos, veías a través de los míos.
No te dije nada, tampoco lo hiciste tú. 
Nos deshicimos en espejímos, en arandelas transparentes.
Nos perdimos en límites paralelos. 

Tu vida y la mía, nuestras vidas se habían gastado en un frasco viejo de recuerdos. 
En un diccionario limitado de despedidas, en una carta en blanco que murió en otoño. 
Nos deshicimos 365 veces, nos tejimos otras 365 veces de vuelta. 
Con un beso endeudado, con una caricia en el aire, 
como quien espera otra u otras. 
Como quien aún siente los huesos pegados al alma, pero sabe que ya están rotos. 

Tú y yo cosimos palabras en medio de días floreados y de noches escarchadas. 
Después nos quedaron pendientes como 50 tazas de café al despertar.
Adeudamos "te quieros" secos, maquillados, anulados, perdidos. 
Y luego, tejimos un par de sueños más a través de las hileras invisibles 
de nuestros sentimientos. "Qué los sueños sean mentiras de verdad", 
me lo tatuaste en el alma. 

¿Qué veía en tus ojos?, ¿qué veías en los míos? 
Un arcoiris desteñido en mitad de 50 otoños de poesía y versos gastados. 



*Imagen tomada de https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/736x/6b/03/a4/6b03a468f7860319e6a16c3260886f18.jpg 

18 diciembre 2014

Ni poemas de amor, ni Serrat

Deshojar el tiempo, tachar las lunas del calendario, vaciar la taza de café y terminar la noche con menos suspiros que la anterior. 

Ahí en el tintero había algo más y detrás de eso también. Estaba el azul celeste de aquella bóveda infinta que llaman cielo. Colgaban los recuerdos, tus memorias, las mías, las nuestras. Y así como un soplido fugaz y fuerte me llegó de golpe su nombre... tu nombre. Ausente, perdido, olvidado, pasado, lejano, nostálgico. 

Estaba en sepia, tan nítido y lúcido como ayer, cuando en vez de tiempo, deshojábamos margaritas, retando al destino sobre el futuro incierto que desconocíamos: "¿me quiere?, ¿no me quiere?". Un beso y una noche juntos nos bastaban en ese entonces. 

¿Y hoy? Ya no tengo margaritas, ni besos ni noches. Aquí con el tintero vacío, sin el azul celeste del horizonte y un café con sal hemos ido desandando caminos viejos, a blanco y negro. Teñidos a la mitad y cubiertos de musgo a causa del imperdonable paso del tiempo.

Hoy, restan los recuerdos, pero ¡cómo suman tantos deseos incumplidos! Verte por segunda vez, por tercera, por cuarta, por quinta o por décima vez antes de que abrieras los ojos en la madrugada y quedarme viéndote, en silencio, sonriendo, queriéndote y después volver a dormir y guardarme tu figura de memoria en mi alma; así como se atesoran los detalles más queridos e invaluables. 

 Ni calcetines perdidos en fondo de una maleta, ni poemas de amor, ni Serrat... solo tiempo, solo eso.

14 diciembre 2014

La vida es efímera, el amor también

Todo es efímero.

En la inmensidad absuluta de tus ojos grises yo me perdí cuando te vi por primera vez. Y con el paso de los años te di un rótulo inacabo y eterno como la poesía: amor. 

De vez en cuando me columpiaba sobre tu espalda para amarte en silencio, cuando nuestras soledades no eran tan amargas ni distantes. De vez en cuando te susurraba canciones inventadas para que supieras que estaba aniquilada por ese, tu misterioso encanto. 

"La vida es efímera y más el amor, corazón mío". Me decías cientos de veces. Pero yo era sorda. Yo te alegaba con un puñado de poesías y declaraciones, era mi forma de ignorar tus sentencias y desvertirte los miedos infundados que habías cosido como escudo invensible. 

Entonces nos vino de golpe la distancia y tú y yo quedamos atrapados en brechas fugaces de tiempo, de vida, de amor, de pasado. Nos volvimos algo efímero, pasajero y vacío, como suele suceder con la literatura sin alma y con la música sin sentimiento. 

Tú y yo corazón mío, nos partimos a la mitad.


21 noviembre 2014

Náufragos de la memoria

Él no la quiera, ella lo ignora.
Parecieran amarse, reinventarse desde sus propias cenizas. Pero su todo es un inevitable. 

Él va y vuelve, ella lo espera. Como se esperan aquellas cosas que siempre encuentran su camino de vuelta. Ellos no van en contravía, ni tampoco fueron hechos en tiempos disímiles. Ellos se escogieron el uno al otro, y ahora son fantasmas irreconocibles de sus propias angustias y olvidos miserables. 

Él se despide, ella lo espera, como siempre...

Dejaron de escribirse, de buscarse, de extrañarse, de quererse... dejaron que el tiempo se llevara el amor, el cariño. Se reconciliaron con sus soledades, con la melancolía adversa, con la vida dejada a medias. 

 "Recordar es evocar el ayer con ojos tristes, perdidos y atrapados en el olvido", le escribió ella alguna vez. Hoy, recoge sus pasos en una historia resumida en una carta, en un botón, en una fotografía, en una camisa descosida, en unas medias rotas, en unos pasos en la tarde, en un café en la mañana, en unas tostadas de sal, en un amanecer escondido debajo de las sabánas, en una estrella perdida entre sus lunares, en un te quiero pegado en la almohada, en unos ojos grises y en unos besos secos.  

Hoy, no son más que náufragos de la memoria y del engañoso corazón que de vez en cuando se empeña en recordar aquel cariño triste y del alma.