Echar de menos. Eso es lo que pasa cuando la memoria no se tiñe de otra piel que no sea la tuya. Te veo en la llovizna de octubre, en el frío helado de la noche, en la calle oscura de la ciudad, en la canción del olvido, en el poema de Salinas, en la soledad de siempre, en los recuerdos que tiritan.
Duermes en un pedazo de mi alma, en toda tal vez. Haciendo añicos las sonrisas y dejándome en tristezas que embargan el corazón de un sentimentalismo de antaño que no se quita ni con poesías ni con cafés. Te quiero y lo sabes. Te extraño y lo sabes. Eso es lo peor de todo, que llevo la vida después de ti deseando arrancarte de un tirón y echar a los bruces del tiempo, diez años perdidos en la nada.
Echar de menos. Todas las noches, todos los días y hasta cuándo ya no duela tanto y hasta cuando de tanto extrañarte, pueda extrañarte cada vez menos. Me desvié de los semáforos en rojo, tomé la avenida que conducía a tu cuerpo y me enredé en los laberintos angostos de tu pecho.
Condensé una década de nuestra vida en ocho horas atrapados en la carne, en el deseo, en el amor flotante que nos condenaba y nos liberaba. Te miré, me miraste, nos miramos y de repente las ausencias de los 365 días de todos estos años se desvanecieron entre besos que parecían eternos y miradas que callaban tanto.
Ese día te quise con mi vida entera. Lo sabías. Ese día también quebraste los pedazos rotos del corazón, con los que también te adoraba.
07 octubre 2014
20 de septiembre
11 septiembre 2014
Es septiembre
"Me gusta estar al lado del camino, fumando el humo mientras todo pasa". Ay Fito, no sabes lo que causan esas palabras.
Decidí abandonar las ropas viejas, usadas y gastadas. Decidí tomar el riesgo y lanzarme de bruces contra las improbabilidades. Ya no estoy esperando la aprobación de nadie ni mucho menos esperando que las cosas sucedan. Aquí estoy, decididamente a buscar lo que hace más de diez año no vi, ignoré y rechacé. Hoy voy tras él, porque a veces es bueno seguir al corazón y si es de equivocarse, después yo misma lo coseré. Es la vida... Es la vida, me digo a mí misma, me lo repito una y otra vez.
El amor, el desamor, los miedos, los sueños.... Estar al lado del camino y fumarse la vida mientras todos pasan. Quedarse en el mismo lugar, espabilando de vez en cuando y echando algunas pisadas. Somos humanos, somos de carne y hueso, pero toda esta carrera tan desesperante pareciera ser una causa perdida.
Sí, es justo porque vivimos para aventurarnos, para tropezarnos y seguir hacia adelante, pero también para buscar el reconocimiento del otro y tener un lugar. La vida. La muerte. Al final solo nos quedan unos trapos nuevos que se comerán los insectos y todo el éxito y la fortuna serán tan efímeros como la vida misma.
Ambivalente y encantada. Perdida y olvidada. Soñadora y sensible; y a ratos poesía de carne y hueso. Vivir, ¿por qué es tan difícil vivir?
Decidí abandonar las ropas viejas, usadas y gastadas. Decidí tomar el riesgo y lanzarme de bruces contra las improbabilidades. Ya no estoy esperando la aprobación de nadie ni mucho menos esperando que las cosas sucedan. Aquí estoy, decididamente a buscar lo que hace más de diez año no vi, ignoré y rechacé. Hoy voy tras él, porque a veces es bueno seguir al corazón y si es de equivocarse, después yo misma lo coseré. Es la vida... Es la vida, me digo a mí misma, me lo repito una y otra vez.
El amor, el desamor, los miedos, los sueños.... Estar al lado del camino y fumarse la vida mientras todos pasan. Quedarse en el mismo lugar, espabilando de vez en cuando y echando algunas pisadas. Somos humanos, somos de carne y hueso, pero toda esta carrera tan desesperante pareciera ser una causa perdida.
Sí, es justo porque vivimos para aventurarnos, para tropezarnos y seguir hacia adelante, pero también para buscar el reconocimiento del otro y tener un lugar. La vida. La muerte. Al final solo nos quedan unos trapos nuevos que se comerán los insectos y todo el éxito y la fortuna serán tan efímeros como la vida misma.
Ambivalente y encantada. Perdida y olvidada. Soñadora y sensible; y a ratos poesía de carne y hueso. Vivir, ¿por qué es tan difícil vivir?
08 septiembre 2014
Soledad y nostalgias
Hoy la nostalgia me apretuja el alma.
Tomé la decisión de renunciar, de irme de este lugar, de perderlo todo para volver a encontrarme a mí misma. Esta vez ya no estoy rota ni deshecha. No soy aquella muchachita de cabellos largos, ni mirada profunda... no soy la misma.
Me había perdido a mí misma y aquí estaba con más de tres puntos suspensivos. Intentando y buscando.
***
Una vieja amiga que viene de vez en mes. A robarme los silencios y a llenar los espacios vacíos. No pide café ni cigarrillos. Solo se mete conmigo debajo de las sábanas mientras mis pensamientos van buscando forma entre letras y poesías.
No le digo nada. Al cabo de estos años ya me he acostumbrado a ella. Es ausente, pero sabe cuándo debe volver. Y esta noche ha vuelto conmigo. Aquí está, a mi lado. Ella cree que la ignoro, pero no. Aunque quisiera que no volviera jamás, la necesito aquí, porque esta vez a diferencia de otras ocasiones necesito de sus silencios para escuchar mi voz, aunque sea el eco de mis sentimientos.
Ella...La soledad, sigue estando aquí, callada y llena de tantas nostalgias.
Tomé la decisión de renunciar, de irme de este lugar, de perderlo todo para volver a encontrarme a mí misma. Esta vez ya no estoy rota ni deshecha. No soy aquella muchachita de cabellos largos, ni mirada profunda... no soy la misma.
Me había perdido a mí misma y aquí estaba con más de tres puntos suspensivos. Intentando y buscando.
***
Una vieja amiga que viene de vez en mes. A robarme los silencios y a llenar los espacios vacíos. No pide café ni cigarrillos. Solo se mete conmigo debajo de las sábanas mientras mis pensamientos van buscando forma entre letras y poesías.
No le digo nada. Al cabo de estos años ya me he acostumbrado a ella. Es ausente, pero sabe cuándo debe volver. Y esta noche ha vuelto conmigo. Aquí está, a mi lado. Ella cree que la ignoro, pero no. Aunque quisiera que no volviera jamás, la necesito aquí, porque esta vez a diferencia de otras ocasiones necesito de sus silencios para escuchar mi voz, aunque sea el eco de mis sentimientos.
Ella...La soledad, sigue estando aquí, callada y llena de tantas nostalgias.
26 julio 2014
Que el "para siempre" sea definitivo
Escribí: "Hay recuerdos que nos hacen más daño que bien", pero no era porque lo estaba sintiendo ni padeciendo. Fue simple inercia: leer algo tan certero, pero que por primera vez no tenía ninguna relación conmigo, fue simplemente una frase que elegí al azar y decidí colgarla sin ningún motivo, razón o sentimiento.
Y eso es lo que me suele suceder por estos días. Pareciera que toda aquella demencia existencial que retumbaba insistentemente en lo más profundo de mi arrugado corazón se ha desvanecido, ya no está. Me levanté y ya se había ido. Así no más. Dejé de cuestionarme a mí misma, de reclamarme, de buscar caminos sin salida y pasó de todo. Eso fue lo más emocionante, que después de insistir por más de 365 días y 100 amaneceres, aquel pedacito que aún resistía a romperse, se desbarató. Y aquí estoy, dejando que todo fluya, sin golpes en el corazón, porque aprendí a remendarlo sin las manos de otros... Aquí estoy, dejando que la música, las palabras y este presente sigan avanzando sin premeditaciones.
Estaba exhausta. Aquellas divagaciones que venían en forma de papel las tiré, las puse en la cesta con la clara intención de que se extravíen entre las enormes calles de esta ciudad, para que el "para siempre" deje de ser una mera utopía y sea mi definitivo.
Y eso es lo que me suele suceder por estos días. Pareciera que toda aquella demencia existencial que retumbaba insistentemente en lo más profundo de mi arrugado corazón se ha desvanecido, ya no está. Me levanté y ya se había ido. Así no más. Dejé de cuestionarme a mí misma, de reclamarme, de buscar caminos sin salida y pasó de todo. Eso fue lo más emocionante, que después de insistir por más de 365 días y 100 amaneceres, aquel pedacito que aún resistía a romperse, se desbarató. Y aquí estoy, dejando que todo fluya, sin golpes en el corazón, porque aprendí a remendarlo sin las manos de otros... Aquí estoy, dejando que la música, las palabras y este presente sigan avanzando sin premeditaciones.
Estaba exhausta. Aquellas divagaciones que venían en forma de papel las tiré, las puse en la cesta con la clara intención de que se extravíen entre las enormes calles de esta ciudad, para que el "para siempre" deje de ser una mera utopía y sea mi definitivo.
21 junio 2014
Dejar de recordar
Caímos en silencios terribles, en prisas inútiles... y mientras tanto el tiempo pasaba, sin dejarnos llevar cuentas, haciendo las suyas, ignorando nuestros deseos y anhelos.
Éramos los de siempre, los de antes, los que volvían una y otra vez a tomar el autobús y dejar el café por la mitad, para luego tirarlo a un costado de la calle. Éramos jóvenes, volubles e inestables, buscábamos aventuras, amores de una noche y fugas inesperadas. Teníamos la costumbre de cosernos pedazo por pedazo los corazones y quedarnos allí, en ese punto, en ese estado de pesadez donde las cargas, los fantasmas y las dudas reventaban los hilos cosidos.
En el fondo lo sabíamos, que todo aquel ilusorio que habíamos tejido era solo eso: una inútil fantasía basada en textos, prosas, canciones y dolores compartidos. Estábamos en un limbo existencial que embadurnaba nuestras almas de una terrible nostalgia.
"Es tiempo que dejes de recordar y crear recuerdos que no existen", le dijo y esa fue su sentencia.
Éramos los de siempre, los de antes, los que volvían una y otra vez a tomar el autobús y dejar el café por la mitad, para luego tirarlo a un costado de la calle. Éramos jóvenes, volubles e inestables, buscábamos aventuras, amores de una noche y fugas inesperadas. Teníamos la costumbre de cosernos pedazo por pedazo los corazones y quedarnos allí, en ese punto, en ese estado de pesadez donde las cargas, los fantasmas y las dudas reventaban los hilos cosidos.
En el fondo lo sabíamos, que todo aquel ilusorio que habíamos tejido era solo eso: una inútil fantasía basada en textos, prosas, canciones y dolores compartidos. Estábamos en un limbo existencial que embadurnaba nuestras almas de una terrible nostalgia.
"Es tiempo que dejes de recordar y crear recuerdos que no existen", le dijo y esa fue su sentencia.
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20 junio 2014
Cuestión de tiempo
Es una cosa demasiado olvidada, es la rotura ineludible de lo efímero. Es prosa y es olvido, pero también es recuerdo, memorias y amores a distancia.
Inevitablemente hay un "detrás de" en aquella historia. A ella le resulta un espejismo, la banalidad de una noche cualquiera en la que el maldito destino los cruzó a destiempo. A él, ni lo uno ni lo otro, para él era un "nada" que se sacó del alma, por la necesidad de decirle algo que llevaba consigo por mucho tiempo. Y se quedó en eso, en palabras cortas, en sentimientos pasajeros y en declaraciones olvidadas entre alcohol y cigarrillo.
Una maleta llena de ausencia y un pasado nublado por recuerdos inconclusos, en los que se desvanecían amaneceres, despedidas y cariños del alma. Ambos estaban en orillas distintas, a pesar de haber coincidido de forma inesperada. Eran eso que muchos dicen: cuestión de tiempo.
18 junio 2014
Podrías
Bendita noche, te dije. El indeleble recuerdo de tres palabras, del sonido de tu voz, de tu mirada incandescente y de tu silencio.
Yo quería decirte tantas cosas, pero no hubo un después. Y hoy estoy aquí, intentando acomodar las letras, los sentimientos, detener en mi memoria el tiempo nuestro: intangible, distante, pero también traicionero.
No estábamos destinados, ni mucho menos fue el resultado de promesas tiradas o dejadas en el pasado, simplemente fue una sutil coincidencia, que hoy me resta horas de sueño y se lleva todos mis pensamientos a una sola causa: cruzar el océano con tal de buscarte y quedarme indefinitivamente, allí en lo más profundo de ti.
Podría darte el tiempo que necesites para que puedas andar, podrías instalarte en el "para siempre" de mi vida, podrías destrabar tus causas perdidas, podrías... podrías tantas cosas.
Yo quería decirte tantas cosas, pero no hubo un después. Y hoy estoy aquí, intentando acomodar las letras, los sentimientos, detener en mi memoria el tiempo nuestro: intangible, distante, pero también traicionero.
No estábamos destinados, ni mucho menos fue el resultado de promesas tiradas o dejadas en el pasado, simplemente fue una sutil coincidencia, que hoy me resta horas de sueño y se lleva todos mis pensamientos a una sola causa: cruzar el océano con tal de buscarte y quedarme indefinitivamente, allí en lo más profundo de ti.
Podría darte el tiempo que necesites para que puedas andar, podrías instalarte en el "para siempre" de mi vida, podrías destrabar tus causas perdidas, podrías... podrías tantas cosas.
15 junio 2014
Olvidó las llaves del tiempo
"Los besos que llevo conmigo y nunca te di". Y ¿ acaso importa ahora?, se preguntaba una y otra vez.
Había una luna plateada mirándola fijamente y ella, en medio de aquel silencio, miraba sin mirar, callando su propio silencio. Ese que le reclamaba por preguntas y respuestas. Ese que la obligaba a cuestionarse sobre decisiones que debía tomar, pero que ignoraba por cobardía, por inseguridad.
Segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años... el tiempo, el suyo había pasado. El propio estado de caducidad que se había llevado memorias y recuerdos, solo restaban palabras y cartas que nunca pudo escribirle. Le sumaba a ese sin sentido, las distancias y kilómetros que rompían aún más los puentes invisibles construidos sobre arenas de papel.
Una efímera esperanza, la inútil necesidad de aferrarse a "un algo" que desapareció tan pronto como llegó. La desilusión volvió a casa, volvió con ella, sin reclamos, sin ligerezas, solo volvió y se quedó allí, guardada entre hojas y cuadernos gastados de poesías y versos repetidos.
Cierra los ojos, echa un eterno suspiro atragantado entre el alma y el corazón, y allí se queda, sin nada que decir, sin nada que escribir, solo recordando y queriendo olvidar.
Había una luna plateada mirándola fijamente y ella, en medio de aquel silencio, miraba sin mirar, callando su propio silencio. Ese que le reclamaba por preguntas y respuestas. Ese que la obligaba a cuestionarse sobre decisiones que debía tomar, pero que ignoraba por cobardía, por inseguridad.
Segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años... el tiempo, el suyo había pasado. El propio estado de caducidad que se había llevado memorias y recuerdos, solo restaban palabras y cartas que nunca pudo escribirle. Le sumaba a ese sin sentido, las distancias y kilómetros que rompían aún más los puentes invisibles construidos sobre arenas de papel.
Una efímera esperanza, la inútil necesidad de aferrarse a "un algo" que desapareció tan pronto como llegó. La desilusión volvió a casa, volvió con ella, sin reclamos, sin ligerezas, solo volvió y se quedó allí, guardada entre hojas y cuadernos gastados de poesías y versos repetidos.
Cierra los ojos, echa un eterno suspiro atragantado entre el alma y el corazón, y allí se queda, sin nada que decir, sin nada que escribir, solo recordando y queriendo olvidar.
07 junio 2014
Sigo sin reconocerte
Lo había rotulado como "el diferente", pero luego vino el desencanto.
Solo fueron tres semanas y nada más. Irremediablemente se abrieron de par en par esas pequeñas ilusiones que atesoraba entre los sueños de abril, y que despertaron de su letargo entre mayo y junio.
Se fue, desapareció, me quedé con las ganas y con un pedacito de cielo húmedo y en escala de grises. Fue la misma historia, fueron los mismos puntos finales que se quedaron sin los suspensivos.
Mientras divagaban los pensamientos en aquella lejanía, le di "reset" a todos esos amoríos pasajeros que solo han llegado para dejar la cama deshecha y escaparse como ladrones de madruga.
"Aquí no pasó nada, aquí no hubo nada". Solo fueron frases que llegaron a destiempo, fueron declaratorias de parte y parte que con el paso de los días se fueron desgastando por las distancias. De ellas ni siquiera quedaron los remedios, ni las sonrisas.
Hubo una pausa, buscaba recapitular el pasado, encontrar en mis memorias cómo era, quién era el de entonces, quiénes éramos. Pero mientras intentaba hallarlo en aquellos tiempos, sus espacios eran reemplazados por las voces de otros. No podía recordarlo... Necesitaba reconocerlo, pero solo me quedaban enormes baches y huecos de remembranzas con sus ausencias y mi falta de interés.
¿Qué más da? Igual hoy, esta noche somos otros, ya no somos los mismos. Mientras tanto, yo estoy queriéndolo irrevocablemente, pero como todos los demás terminó marchándose antes de que empezara todo.
Solo fueron tres semanas y nada más. Irremediablemente se abrieron de par en par esas pequeñas ilusiones que atesoraba entre los sueños de abril, y que despertaron de su letargo entre mayo y junio.
Se fue, desapareció, me quedé con las ganas y con un pedacito de cielo húmedo y en escala de grises. Fue la misma historia, fueron los mismos puntos finales que se quedaron sin los suspensivos.
Mientras divagaban los pensamientos en aquella lejanía, le di "reset" a todos esos amoríos pasajeros que solo han llegado para dejar la cama deshecha y escaparse como ladrones de madruga.
"Aquí no pasó nada, aquí no hubo nada". Solo fueron frases que llegaron a destiempo, fueron declaratorias de parte y parte que con el paso de los días se fueron desgastando por las distancias. De ellas ni siquiera quedaron los remedios, ni las sonrisas.
Hubo una pausa, buscaba recapitular el pasado, encontrar en mis memorias cómo era, quién era el de entonces, quiénes éramos. Pero mientras intentaba hallarlo en aquellos tiempos, sus espacios eran reemplazados por las voces de otros. No podía recordarlo... Necesitaba reconocerlo, pero solo me quedaban enormes baches y huecos de remembranzas con sus ausencias y mi falta de interés.
¿Qué más da? Igual hoy, esta noche somos otros, ya no somos los mismos. Mientras tanto, yo estoy queriéndolo irrevocablemente, pero como todos los demás terminó marchándose antes de que empezara todo.
02 junio 2014
¿Dónde están las lunas que me debías?
Pues nada, es la misma historia de siempre. El que creía esta vez sería, resultó no siendo el amor de mi vida. Y por voluble, rebelde y precipitada dejé que el corazón se llenara de grietas más grandes y más profundas.
Quizás por el día gris, por la mañana lluviosa dentro de mi alma. Tal vez por las heridas abiertas de aquel amor condenado al fracaso, tal vez por la ruptura inevitable del "para siempre". Allí estaba. Sucumbida doblemente por las mismas equivocaciones y causas perdidas que me habían desgastado en lágrimas y "¿por qués?" atragantados.
Me encontró en medio de la oscuridad y la desesperanza, cuando los existencialismos de la juventud se acostaban y despertaban todos los días a mi lado. Me trajo la mañana de vuelta y echó polvo a la soledad en medio de las lejanías. Y sin pensarlo, sin buscarlo le tomó solo la brevedad del tiempo para que empezara a quererlo irrevocablemente.
Confundí su declaración, con la paz interior que estaba buscando. Después de diez años, después de más de 26 soles y lunas vividas, se atrevió a confesarlo, pero ya no éramos los mismos. Mi corazón estaba vuelto un paredón de alfileres y el suyo... en realidad no sabía de qué estaba hecho el suyo.
Le quería y estaba dispuesta. Le sentía y quería demostrarlo, pero también la pesadez de mi alma me empujaba hacia la incertidumbre de no saber qué esperar ni qué buscar. Yo estaba esperando vivir algo extraordinario y él simplemente se había tumbado contra todos los pronósticos de resistirse a vivir cualquier tipo de emoción. Y eso, en el fondo era lo que más me dolía, caer de nuevo en una guerra perdida y con el alma mal herida.
Quizás por el día gris, por la mañana lluviosa dentro de mi alma. Tal vez por las heridas abiertas de aquel amor condenado al fracaso, tal vez por la ruptura inevitable del "para siempre". Allí estaba. Sucumbida doblemente por las mismas equivocaciones y causas perdidas que me habían desgastado en lágrimas y "¿por qués?" atragantados.
Confundí su declaración, con la paz interior que estaba buscando. Después de diez años, después de más de 26 soles y lunas vividas, se atrevió a confesarlo, pero ya no éramos los mismos. Mi corazón estaba vuelto un paredón de alfileres y el suyo... en realidad no sabía de qué estaba hecho el suyo.
Le quería y estaba dispuesta. Le sentía y quería demostrarlo, pero también la pesadez de mi alma me empujaba hacia la incertidumbre de no saber qué esperar ni qué buscar. Yo estaba esperando vivir algo extraordinario y él simplemente se había tumbado contra todos los pronósticos de resistirse a vivir cualquier tipo de emoción. Y eso, en el fondo era lo que más me dolía, caer de nuevo en una guerra perdida y con el alma mal herida.
Lo que olvidamos
Me preguntaba, dónde está lo que olvidamos... a dónde van las heridas del pasado cuando ya no hay dolor.
Y aquí estoy divagando levemente sobre mi pasado y la incertidumbre del presente, con un dolor que es cada vez menos pesado y con las rasgaduras del alma que lo ha perdido todo.
Un pasillo en la oscuridad, una luz tenue alumbrando el camino empinado y todas las desgracias empinadas al final del camino.
A dónde va lo que he olvidado, cuando mi memoria ha saldado sus penas y nostalgias. A dónde va si aún me siento atrapada entre pedazos de recuerdos que parecen serlo, pero resultan ser un eterno resplandor.
Me congelo, me olvido de todo lo que me ha traído hasta aquí, me marcho y el cielo se sigue partiendo en dos, con todo lo que he olvidado, pero devolviéndome lo que debo seguir recordando. A dónde debería ir con estas cargas que joroban mis tempestades y las hace más largas, así como las interminables guerras y batallas del mundo.
Me dejo llevar por las letras, por los recuerdos aferrados a los pensamientos, por los momentos de antaño y las promesas inquebrantables. Pero aquí, cuando todas las palabras las he dicho y repetido millones de veces lo que he olvidado me lo sigue recordando el viento con la llegada de junio a mi calendario.
Y aquí estoy divagando levemente sobre mi pasado y la incertidumbre del presente, con un dolor que es cada vez menos pesado y con las rasgaduras del alma que lo ha perdido todo.
Un pasillo en la oscuridad, una luz tenue alumbrando el camino empinado y todas las desgracias empinadas al final del camino.
A dónde va lo que he olvidado, cuando mi memoria ha saldado sus penas y nostalgias. A dónde va si aún me siento atrapada entre pedazos de recuerdos que parecen serlo, pero resultan ser un eterno resplandor.
Me congelo, me olvido de todo lo que me ha traído hasta aquí, me marcho y el cielo se sigue partiendo en dos, con todo lo que he olvidado, pero devolviéndome lo que debo seguir recordando. A dónde debería ir con estas cargas que joroban mis tempestades y las hace más largas, así como las interminables guerras y batallas del mundo.
Me dejo llevar por las letras, por los recuerdos aferrados a los pensamientos, por los momentos de antaño y las promesas inquebrantables. Pero aquí, cuando todas las palabras las he dicho y repetido millones de veces lo que he olvidado me lo sigue recordando el viento con la llegada de junio a mi calendario.
Irrompible
Con el día tonto. La resistencia de pensamientos y sentimientos que se niegan a sobrevivir. El "de repente", la disrupción equivalente a un cariño no correspondido. Lo de siempre.
Estaba condenada a lo mismo, meras ilusiones atrapadas entre sueños de madrugada e historias invisibles.
Nada qué hacer. Solo dejar el tiempo atrás, sin trabas, sin espejismos, sin tonterías ancladas a deseos efímeros que mueren en cada declaratoria inservible. Un "hasta luego" sería suficiente, pensaba, pero solo estaba embriagada de utopías y aventuras a destiempo, congeladas entre poesías, canciones, cafés y cigarrillos.
Emociones a distancia, tristezas irrompibles que se han quedado entre abrazos de condolencias, las propias, las suyas. Un suspiro por todo lo que sigue estando adentro y sigue doliendo, las "más que palabras" divagan entre las manecillas del reloj y las lunas tachadas del calendario.
"Nos veremos cuando anochezca", escribió.
Estaba condenada a lo mismo, meras ilusiones atrapadas entre sueños de madrugada e historias invisibles.
Nada qué hacer. Solo dejar el tiempo atrás, sin trabas, sin espejismos, sin tonterías ancladas a deseos efímeros que mueren en cada declaratoria inservible. Un "hasta luego" sería suficiente, pensaba, pero solo estaba embriagada de utopías y aventuras a destiempo, congeladas entre poesías, canciones, cafés y cigarrillos.
Emociones a distancia, tristezas irrompibles que se han quedado entre abrazos de condolencias, las propias, las suyas. Un suspiro por todo lo que sigue estando adentro y sigue doliendo, las "más que palabras" divagan entre las manecillas del reloj y las lunas tachadas del calendario.
"Nos veremos cuando anochezca", escribió.
26 mayo 2014
Punto y aparte
Es una renunciación y punto. Pero también es un deseo que viene cada noche, cada día, cada tarde... Es un pedazo de cielo que arrancas cada vez que te ausentas. Es un sin sentido. Extrañar lo que nunca se ha tenido, echar de menos los besos que nunca nos hemos dado y querer los abrazos que mueren cada tanto, cuando las distancias se hacen más anchas y el tiempo sigue avanzando. Yo aquí y tú allá.
"Haz lo que tú sabes".
"Haz lo que tú sabes".
24 mayo 2014
Las noches que no mueren
Los olvidados, los del corazón roto, los del alma vacía. Una fuerza que se rompe con el crujido de la tierra cuando se abre y estalla en mil pedazos. Un gemido de dolor y de alegría que se funden con promesas con cara de "mejores años".
Esta noche con la luna metida entre las nubes, solo vienen fantasmas que se esparcen entre memorias del pasado y amores que parecían lejanos. No hay nada aquí que nos pertenezca, ni tampoco un lugar al que pertenezcamos.
Es solo una canción, un poema con todas las palabras recicladas dejadas por las cenizas del ayer; y con todos los besos olvidados que perdimos junto con las llaves del tiempo.
Un café en París
"Se abrió el cielo" y le lanzó un grito silente desde el fondo del alma. Todo quedó reducido a segundos, a un efímero instante. Ahí estaba, dando un paso hacia atrás.
En esa tarde parisina también estaban ausentes las golondrinas de Bécquer. Solo pensaba, era como si estuviera dejando pasar el atardecer o la vida, y el tiempo. Escribió en sus pensamientos "unidos sin saber por qué", pero el cielo ni siquiera tenía su nombre.
Tenía que volver, ella tenía que volver y él, quedarse como todas las tardes, en el mismo café, con todas las cartas guardadas, al igual que sus palabras, en una eterna oscuridad que le impedía contemplarla por última vez.
Solo fue un destello, pero como de cien mil soles. Fue un instante y nada más. La tarde moría con la noche y lo de siempre acontecía mientras ella tomaba el autobús y se marchaba, sin mirar hacia atrás, sin dejar alguna sonrisa o una promesa de vuelta.
"Y todas las ataduras se destrabaron con el beso frío que se llevó el viento. El tiempo sin embargo solo nos dejó un camino inundado de cruces y accidentes", escribió él en su mente.
Nada estaba escrito en las hojas del destino, a ellos solo les restaba un borrón y un escape sin retorno, por esos recuerdos que se quedaron debiendo.
En esa tarde parisina también estaban ausentes las golondrinas de Bécquer. Solo pensaba, era como si estuviera dejando pasar el atardecer o la vida, y el tiempo. Escribió en sus pensamientos "unidos sin saber por qué", pero el cielo ni siquiera tenía su nombre.
Tenía que volver, ella tenía que volver y él, quedarse como todas las tardes, en el mismo café, con todas las cartas guardadas, al igual que sus palabras, en una eterna oscuridad que le impedía contemplarla por última vez.
Solo fue un destello, pero como de cien mil soles. Fue un instante y nada más. La tarde moría con la noche y lo de siempre acontecía mientras ella tomaba el autobús y se marchaba, sin mirar hacia atrás, sin dejar alguna sonrisa o una promesa de vuelta.
"Y todas las ataduras se destrabaron con el beso frío que se llevó el viento. El tiempo sin embargo solo nos dejó un camino inundado de cruces y accidentes", escribió él en su mente.
Nada estaba escrito en las hojas del destino, a ellos solo les restaba un borrón y un escape sin retorno, por esos recuerdos que se quedaron debiendo.
20 mayo 2014
Madrugadas de mayo
Y aquí estamos una vez más. Deshojando dolores del pasado y desenterrando viejos recuerdos. Tú con aromas distintos y yo sin reconocerte.
Palabras que vienen y van, sentimientos que se estrellan contra la ausencia y las distancias. Todo se ha quedado entre declaraciones que llegan a destiempo y emociones volátiles que mueren con el silencio de su voz.
No tiene sentido, nada lo tiene. Es incomprensible, es un desatino de la vida que me estoy tomando demasiado en serio.
Mientras tanto, el tiempo, los días, la lluvia, el café, la casa, la rutina, las canciones y las palabras se cuelan entre las calles de una ciudad que cada día desconozco más y en la que todo parece ajeno a mis planes.
Decisiones impulsivas, promesas que no llegaron a los labios y las mismas renuncias de siempre.
21 enero 2014
Don't look back
A veces da por renunciar. A veces se tira tanto y demasiado de la cuerda que luego se rompe y ya no hay por dónde más agarrar. A veces es mejor soltar, no esforzarse... a veces las ganas se desvalijan y terminan oxidándose.
Es inevitable que mientras el cansancio va arremetiendo contra los huesos secos del tiempo, los sueños se vayan perdiendo en el camino. Se desgastan, se olvidan... la fe es secuestrada por la desesperanza y aquella certeza simplemente termina siendo un punto en el infinito, tan lejano y distante como todo lo que se marcha y no vuelve jamás.
Sucede que los encuentros terminan amontonándose en el cajón de las fotografías, en los cuadernos viejos y gastados del pasado, y todas las emociones y felicidades venideras terminan ancladas en los "hubiera". Las direcciones y caminos conducidos hasta ese lugar fueron plantados por la irreversible decisión del destino.
A veces es mejor no mirar atrás.
Sucede que los encuentros terminan amontonándose en el cajón de las fotografías, en los cuadernos viejos y gastados del pasado, y todas las emociones y felicidades venideras terminan ancladas en los "hubiera". Las direcciones y caminos conducidos hasta ese lugar fueron plantados por la irreversible decisión del destino.
A veces es mejor no mirar atrás.
01 enero 2014
Antes
De alguna manera ha estremecido todas las fibras diminutas de su ser. Ni siquiera le ha apostado por una vida extra ni tiempo para dos. Ambivalente, distante... un resonar extraviado que vuelve a la memoria cuando desde aquella lejanía simplemente vuelven y se van los recuerdos.
En la mesita de noche guarda las estampas, las carta, las rosas, las cajas de chocolate. En un rincón tiene aprisionado un pasado ajeno, una atadura más. Antes, sus dientes eran blancos y ellos eran jóvenes, antes eran valientes y aventureros, antes las palabras eran musas para besos, caricias y atardeceres.
Afuera sigue lloviendo y ella simplemente se pregunta qué le queda cuándo todas las palabras se han dicho, todas las esperanzas se han perdido y todas las roturas del corazón jamás pudieron coserse.
En la mesita de noche guarda las estampas, las carta, las rosas, las cajas de chocolate. En un rincón tiene aprisionado un pasado ajeno, una atadura más. Antes, sus dientes eran blancos y ellos eran jóvenes, antes eran valientes y aventureros, antes las palabras eran musas para besos, caricias y atardeceres.
Afuera sigue lloviendo y ella simplemente se pregunta qué le queda cuándo todas las palabras se han dicho, todas las esperanzas se han perdido y todas las roturas del corazón jamás pudieron coserse.
09 diciembre 2013
Lluvia de mierda
El tapiz de la pared se ha gastado, las fotografías se han rasgado, las sábanas siguen húmedas. La casa está en silencio.
Mira a través de los vitrales del balcón, la ciudad está iluminada por los faroles de las calles. Suspira, retiene el aliento y echa una bocanada del humo del cigarrillo. "Lluvia de mierda", aquella fue una declaración de rabia contra el pronóstico inservible del tiempo.
Le había pasado antes, le había pasado siempre y aún así le resultaba incomprensible lo que la vida le estaba diciendo. Ensimismada en sus recuerdos, en sus justificaciones, en sus rabias y resentimientos seguía murmurando. Tomó lápiz y papel, escribió un par de líneas y no pudo avanzar más. Todo lo demás, su trabajo, su vida, sus proyectos, sus deseos, sus pasiones las había dejado en tres putos puntos suspensivos.
Había tomado más de trece caminos equivocados. Todas las malas decisiones producto de impulsos y arrebatos de una noche la tenían allí, encerrada en una crisis que iba más allá de lo existencial. Un millón de dudas se arropaban debajo de las sábanas, un millón de miedos se acostaban en la almohada, un millón de preguntas sin respuestas le reventaban la cabeza.
Seguía mirando las luces de la ciudad, sentía frío, sentía incomodidad. Se sirvió una taza de chocolate caliente y arrinconó en el sofá debajo de la cobija de girasoles... "Lluvia de mierda".
Mira a través de los vitrales del balcón, la ciudad está iluminada por los faroles de las calles. Suspira, retiene el aliento y echa una bocanada del humo del cigarrillo. "Lluvia de mierda", aquella fue una declaración de rabia contra el pronóstico inservible del tiempo.
Le había pasado antes, le había pasado siempre y aún así le resultaba incomprensible lo que la vida le estaba diciendo. Ensimismada en sus recuerdos, en sus justificaciones, en sus rabias y resentimientos seguía murmurando. Tomó lápiz y papel, escribió un par de líneas y no pudo avanzar más. Todo lo demás, su trabajo, su vida, sus proyectos, sus deseos, sus pasiones las había dejado en tres putos puntos suspensivos.
Había tomado más de trece caminos equivocados. Todas las malas decisiones producto de impulsos y arrebatos de una noche la tenían allí, encerrada en una crisis que iba más allá de lo existencial. Un millón de dudas se arropaban debajo de las sábanas, un millón de miedos se acostaban en la almohada, un millón de preguntas sin respuestas le reventaban la cabeza.
Seguía mirando las luces de la ciudad, sentía frío, sentía incomodidad. Se sirvió una taza de chocolate caliente y arrinconó en el sofá debajo de la cobija de girasoles... "Lluvia de mierda".
26 noviembre 2013
La torpeza del muchacho
Los tres puntos, las posdatas, ser testigo por casualidad. Levemente el cielo deja caer todas sus verdades, todas las respuestas incapaces de reconocer delante de sus ojos.
Aunque fuera solo un instante, aunque los tiempos no sean certeros, aunque la vida se vaya una y otra vez, aunque la tasa de café se enfríe mientras espera escuchar palabras más, palabras menos, las de siempre. Intenta ser racional, maduro, intenta dejar de lado el repertorio de canciones de alquiler que guarda en el tocadiscos. Pero sin embargo, le cuestan las ganas, las esperanzas, las ilusiones.
¿Qué tanto espera?, ¿qué es lo que busca?, ¿qué es lo que sigue dejando atrás? Una carta, una promesa, un cigarrillo, una fotografía, un apego emocional. Él escribe monólogos sobre lo que podría resultar de toda esa estupidez visceral que le resta todas las sonrisas del año. Allí está, con su guitarra gastada, con la inspiración extraviada entre la melancolía y el pasado... allí está, perdido en los recuerdos de ella.
Se pregunta: ¿cuánto más? Pero su delito es creer en aquellos sentimientos que son más postizos que reales, le cuesta tanto cuando ve un adiós tan cerca. Se queda sin respuestas, se queda con la lejanía y con lo que Dios quiera.
Él es un torpe y ella... tan fría como el invierno.
Aunque fuera solo un instante, aunque los tiempos no sean certeros, aunque la vida se vaya una y otra vez, aunque la tasa de café se enfríe mientras espera escuchar palabras más, palabras menos, las de siempre. Intenta ser racional, maduro, intenta dejar de lado el repertorio de canciones de alquiler que guarda en el tocadiscos. Pero sin embargo, le cuestan las ganas, las esperanzas, las ilusiones.
¿Qué tanto espera?, ¿qué es lo que busca?, ¿qué es lo que sigue dejando atrás? Una carta, una promesa, un cigarrillo, una fotografía, un apego emocional. Él escribe monólogos sobre lo que podría resultar de toda esa estupidez visceral que le resta todas las sonrisas del año. Allí está, con su guitarra gastada, con la inspiración extraviada entre la melancolía y el pasado... allí está, perdido en los recuerdos de ella.
Se pregunta: ¿cuánto más? Pero su delito es creer en aquellos sentimientos que son más postizos que reales, le cuesta tanto cuando ve un adiós tan cerca. Se queda sin respuestas, se queda con la lejanía y con lo que Dios quiera.
Él es un torpe y ella... tan fría como el invierno.
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