Es un desastre, lo sé. Es una batalla perdida. Eso lo sé de sobra. Pero una vez más busqué el atajo para ganarte la partida. El juego me dejó endeudada, contigo. Fue un día, uno solo. Fueron 24 horas y un café de por medio.
Hoy en mis oídos retumba esa vieja melodía, entonces se me encadena el alma a los recuerdos. La rosa que se me deshizo en el pelo. El libro con una dedicatoria idílica. Los fuegos artificiales que me explotaban en los ojos, en el corazón, en el alma. Y enero... eras tú.
Era yo, desnudándote, descosiéndote, incitándote a que fueras huracán en un verano que solo ardía en nuestros cuerpos. Era yo, enamorándome de ti y perdiéndolo todo al instante, porque salté y caí en un precipicio por culpa de tu huida y mi pasaporte vencido.
Es un desastre, lo sé. Porque lo peor de no jurarnos una historia como otra más, no había sido ponerle a todos los acordes punto y final, sino borrarlos y quedarnos como siempre... inconclusos. Haciéndole mofa al maldito destino. Por eso no te perdono.
20 febrero 2015
03 febrero 2015
Vayamos a naugrafar un rato amor mío
El tiempo pasa.
El poema que no le leyó. Ya no son nada, cuando ayer aún lo eran todo.
Él suspira y ella lo recuerda. Nunca supo por qué fue. Ella no lo sabe, ni lo sabrá.
No ha de olvidarlo aún, todavía no. Se quisieron demasiado, tal vez.
Aquel sentimiento de antaño, ella se lo cosió en el alma. Como un puñado de estrellas incandescentes que queman. Como las sonrisas dormidas aún en la memoria. Como el adiós detenido en la estación del tren. Como un recuerdo adormitado que sueña, que duerme y que es eterno. Que es para siempre.
El tiempo pasa.
Una fotografía. Sus ojos. Él sonríe y ella llora desde lejos. Una carta triste y un corazón contrito.
A él, para él, por él. Porque la dejó de querer. La olvidó y nunca supo porqué.
De pronto ella se encontró vacía, como el otoño seco. Le dijo adiós, llorando sin lágrimas, supo entonces que jamás regresarían... Sin razón, sin voluntad, sin cariño.
Fue un viaje detenido en su historia, en sus vidas, en sus almas. Naufragando entre sueños y nostalgias de otras vidas, de otros seres.
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26 enero 2015
Diez putos años
Recuerdo que al llegar la mañana me miraste. Me distraje de todo y entonces lo que conocía por suelo terminó siendo cielo e infierno a la vez. Una combinación de atar que se me hundía en la sien. Adentro, afuera, alrededor. Una especie de absoluto postergado entre bocas, entre pieles, entre almas.
Desajustaste las tuercas oxidadas sin el mínimo esfuerzo. Después, con la llamarada encendida de tus filos, atravesaste en silencio todos mis letargos. Dibujaste en mi costado siete lunas plateadas y sucumbiste a flor de piel en una especie de intimidad que había claudicado a causa de eclipses pasados.
Me estrujaste desde adentro. Con tus ojos, con tus labios, con tus dedos... con tu humanidad animal.Y sin más palabras que gemidos me deslicé sobre ti. Consumando los segundos, desgastándome en la desnudez infinita de tu alma y de la mía.
Ya extasiados, recuerdo que al llegar la mañana me miraste. Y vi que en tus ojos aún llevabas restos del cielo de la noche anterior. Desde entonces fueron tuyos mis segundos, mis silencios y mi finito. Desde entonces nos anclamos más allá de los quejidos y del hormigueo visceral. Desde entonces tú y yo somos más que esto, sin que notásemos que nos había pasado una puta década.
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22 enero 2015
50 otoños de poesía y versos gastados
Viendo a través de tus ojos, veías a través de los míos.
No te dije nada, tampoco lo hiciste tú.
Nos deshicimos en espejímos, en arandelas transparentes.
Nos perdimos en límites paralelos.
Tu vida y la mía, nuestras vidas se habían gastado en un frasco viejo de recuerdos.
En un diccionario limitado de despedidas, en una carta en blanco que murió en otoño.
Nos deshicimos 365 veces, nos tejimos otras 365 veces de vuelta.
Con un beso endeudado, con una caricia en el aire,
como quien espera otra u otras.
Como quien aún siente los huesos pegados al alma, pero sabe que ya están rotos.
Tú y yo cosimos palabras en medio de días floreados y de noches escarchadas.
Después nos quedaron pendientes como 50 tazas de café al despertar.
Adeudamos "te quieros" secos, maquillados, anulados, perdidos.
Y luego, tejimos un par de sueños más a través de las hileras invisibles
de nuestros sentimientos. "Qué los sueños sean mentiras de verdad",
me lo tatuaste en el alma.
¿Qué veía en tus ojos?, ¿qué veías en los míos?
Un arcoiris desteñido en mitad de 50 otoños de poesía y versos gastados.
*Imagen tomada de https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/736x/6b/03/a4/6b03a468f7860319e6a16c3260886f18.jpg
15 enero 2015
Versos que no riman
Romperse dentro. No. Esta vez no.
Tumbarse en medio de una colina de sueños oxidados.
No hay repuestos para las ausencias.
Ni él se va a marchar ni ella tampoco.
Penas endeuda...
Ella parece sin fuerzas; enredada en la piel de otro.
Sin miedo, tejiendo valentía con suspiros del alma.
Viejas cosas, viejos recuerdos del querer
Envueltos en caricias, en cariños, en complicidades.
En miradas de vueltas. En silencios ilimitados.
La piel no se gasta, el amor no deja de ser.
La poesía. Ellos son la poesía.
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25 diciembre 2014
De corazón a corazón
Una foto tuya. Un recuerdo atiborrado,
y esos ojos que delatan una vida entera.
Construí una cápsula de tiempo para atesorarte en la poesía.
Es la única forma cuerda de tenerte.
Te quiero y te he querido antes y después de haberte dado tiempo.
Un beso, ese que te di ayer. Ese que guardé en la luz infinita del ayer, del hoy.
Fingí que no te quise y jamás lo supiste.
Entonces te soñé en la distancia y te lloré también.
Te soñé una y otra vez.
En mis sueños reconocías este amor inadvertido.
Te besé cincuenta y cinco veces el alma.
Me guardé tus miradas en el calendario.
Escondí tus besos en mi piel.
Desarmé tu armadura solo una vez.
Una foto tuya y esos ojos que aún ignoran que los miro,
que los amo, que los echo de menos.
Fingo una sonrisa. Ahogo el sentimiento de quererte con locura,
y sé que tú jamás lo sabrás.
y esos ojos que delatan una vida entera.
Construí una cápsula de tiempo para atesorarte en la poesía.
Es la única forma cuerda de tenerte.
Te quiero y te he querido antes y después de haberte dado tiempo.
Un beso, ese que te di ayer. Ese que guardé en la luz infinita del ayer, del hoy.
Fingí que no te quise y jamás lo supiste.
Entonces te soñé en la distancia y te lloré también.
Te soñé una y otra vez.
En mis sueños reconocías este amor inadvertido.
Te besé cincuenta y cinco veces el alma.
Me guardé tus miradas en el calendario.
Escondí tus besos en mi piel.
Desarmé tu armadura solo una vez.
Una foto tuya y esos ojos que aún ignoran que los miro,
que los amo, que los echo de menos.
Fingo una sonrisa. Ahogo el sentimiento de quererte con locura,
y sé que tú jamás lo sabrás.
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18 diciembre 2014
Ni poemas de amor, ni Serrat
Deshojar el tiempo, tachar las lunas del calendario, vaciar la taza de café y terminar la noche con menos suspiros que la anterior.
Ahí en el tintero había algo más y detrás de eso también. Estaba el azul celeste de aquella bóveda infinta que llaman cielo. Colgaban los recuerdos, tus memorias, las mías, las nuestras. Y así como un soplido fugaz y fuerte me llegó de golpe su nombre... tu nombre. Ausente, perdido, olvidado, pasado, lejano, nostálgico.
Estaba en sepia, tan nítido y lúcido como ayer, cuando en vez de tiempo, deshojábamos margaritas, retando al destino sobre el futuro incierto que desconocíamos: "¿me quiere?, ¿no me quiere?". Un beso y una noche juntos nos bastaban en ese entonces.
¿Y hoy? Ya no tengo margaritas, ni besos ni noches. Aquí con el tintero vacío, sin el azul celeste del horizonte y un café con sal hemos ido desandando caminos viejos, a blanco y negro. Teñidos a la mitad y cubiertos de musgo a causa del imperdonable paso del tiempo.
Hoy, restan los recuerdos, pero ¡cómo suman tantos deseos incumplidos! Verte por segunda vez, por tercera, por cuarta, por quinta o por décima vez antes de que abrieras los ojos en la madrugada y quedarme viéndote, en silencio, sonriendo, queriéndote y después volver a dormir y guardarme tu figura de memoria en mi alma; así como se atesoran los detalles más queridos e invaluables.
Ni calcetines perdidos en fondo de una maleta, ni poemas de amor, ni Serrat... solo tiempo, solo eso.
Ahí en el tintero había algo más y detrás de eso también. Estaba el azul celeste de aquella bóveda infinta que llaman cielo. Colgaban los recuerdos, tus memorias, las mías, las nuestras. Y así como un soplido fugaz y fuerte me llegó de golpe su nombre... tu nombre. Ausente, perdido, olvidado, pasado, lejano, nostálgico.
Estaba en sepia, tan nítido y lúcido como ayer, cuando en vez de tiempo, deshojábamos margaritas, retando al destino sobre el futuro incierto que desconocíamos: "¿me quiere?, ¿no me quiere?". Un beso y una noche juntos nos bastaban en ese entonces.
¿Y hoy? Ya no tengo margaritas, ni besos ni noches. Aquí con el tintero vacío, sin el azul celeste del horizonte y un café con sal hemos ido desandando caminos viejos, a blanco y negro. Teñidos a la mitad y cubiertos de musgo a causa del imperdonable paso del tiempo.
Hoy, restan los recuerdos, pero ¡cómo suman tantos deseos incumplidos! Verte por segunda vez, por tercera, por cuarta, por quinta o por décima vez antes de que abrieras los ojos en la madrugada y quedarme viéndote, en silencio, sonriendo, queriéndote y después volver a dormir y guardarme tu figura de memoria en mi alma; así como se atesoran los detalles más queridos e invaluables.
Ni calcetines perdidos en fondo de una maleta, ni poemas de amor, ni Serrat... solo tiempo, solo eso.
14 diciembre 2014
La vida es efímera, el amor también
Todo es efímero.
En la inmensidad absuluta de tus ojos grises yo me perdí cuando te vi por primera vez. Y con el paso de los años te di un rótulo inacabo y eterno como la poesía: amor.
De vez en cuando me columpiaba sobre tu espalda para amarte en silencio, cuando nuestras soledades no eran tan amargas ni distantes. De vez en cuando te susurraba canciones inventadas para que supieras que estaba aniquilada por ese, tu misterioso encanto.
"La vida es efímera y más el amor, corazón mío". Me decías cientos de veces. Pero yo era sorda. Yo te alegaba con un puñado de poesías y declaraciones, era mi forma de ignorar tus sentencias y desvertirte los miedos infundados que habías cosido como escudo invensible.
Entonces nos vino de golpe la distancia y tú y yo quedamos atrapados en brechas fugaces de tiempo, de vida, de amor, de pasado. Nos volvimos algo efímero, pasajero y vacío, como suele suceder con la literatura sin alma y con la música sin sentimiento.
Tú y yo corazón mío, nos partimos a la mitad.
En la inmensidad absuluta de tus ojos grises yo me perdí cuando te vi por primera vez. Y con el paso de los años te di un rótulo inacabo y eterno como la poesía: amor.
De vez en cuando me columpiaba sobre tu espalda para amarte en silencio, cuando nuestras soledades no eran tan amargas ni distantes. De vez en cuando te susurraba canciones inventadas para que supieras que estaba aniquilada por ese, tu misterioso encanto.
"La vida es efímera y más el amor, corazón mío". Me decías cientos de veces. Pero yo era sorda. Yo te alegaba con un puñado de poesías y declaraciones, era mi forma de ignorar tus sentencias y desvertirte los miedos infundados que habías cosido como escudo invensible.
Entonces nos vino de golpe la distancia y tú y yo quedamos atrapados en brechas fugaces de tiempo, de vida, de amor, de pasado. Nos volvimos algo efímero, pasajero y vacío, como suele suceder con la literatura sin alma y con la música sin sentimiento.
Tú y yo corazón mío, nos partimos a la mitad.
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21 noviembre 2014
Náufragos de la memoria
Él no la quiera, ella lo ignora.
Parecieran amarse, reinventarse desde sus propias cenizas. Pero su todo es un inevitable.
Él va y vuelve, ella lo espera. Como se esperan aquellas cosas que siempre encuentran su camino de vuelta. Ellos no van en contravía, ni tampoco fueron hechos en tiempos disímiles. Ellos se escogieron el uno al otro, y ahora son fantasmas irreconocibles de sus propias angustias y olvidos miserables.
Él se despide, ella lo espera, como siempre...
Dejaron de escribirse, de buscarse, de extrañarse, de quererse... dejaron que el tiempo se llevara el amor, el cariño. Se reconciliaron con sus soledades, con la melancolía adversa, con la vida dejada a medias.
"Recordar es evocar el ayer con ojos tristes, perdidos y atrapados en el olvido", le escribió ella alguna vez. Hoy, recoge sus pasos en una historia resumida en una carta, en un botón, en una fotografía, en una camisa descosida, en unas medias rotas, en unos pasos en la tarde, en un café en la mañana, en unas tostadas de sal, en un amanecer escondido debajo de las sabánas, en una estrella perdida entre sus lunares, en un te quiero pegado en la almohada, en unos ojos grises y en unos besos secos.
Hoy, no son más que náufragos de la memoria y del engañoso corazón que de vez en cuando se empeña en recordar aquel cariño triste y del alma.
Parecieran amarse, reinventarse desde sus propias cenizas. Pero su todo es un inevitable.
Él va y vuelve, ella lo espera. Como se esperan aquellas cosas que siempre encuentran su camino de vuelta. Ellos no van en contravía, ni tampoco fueron hechos en tiempos disímiles. Ellos se escogieron el uno al otro, y ahora son fantasmas irreconocibles de sus propias angustias y olvidos miserables.
Él se despide, ella lo espera, como siempre...
Dejaron de escribirse, de buscarse, de extrañarse, de quererse... dejaron que el tiempo se llevara el amor, el cariño. Se reconciliaron con sus soledades, con la melancolía adversa, con la vida dejada a medias.
"Recordar es evocar el ayer con ojos tristes, perdidos y atrapados en el olvido", le escribió ella alguna vez. Hoy, recoge sus pasos en una historia resumida en una carta, en un botón, en una fotografía, en una camisa descosida, en unas medias rotas, en unos pasos en la tarde, en un café en la mañana, en unas tostadas de sal, en un amanecer escondido debajo de las sabánas, en una estrella perdida entre sus lunares, en un te quiero pegado en la almohada, en unos ojos grises y en unos besos secos.
Hoy, no son más que náufragos de la memoria y del engañoso corazón que de vez en cuando se empeña en recordar aquel cariño triste y del alma.
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