Abrazar el pasado con gratitud. Hacerlo explotar.
Pasado de duelos. Vivir el presente con pasión.
Presente de dudas, presente de huídas.
Amar el futuro con esperanza. Creyendo en lo que no se ve,
en lo que no se espera. Sobran las certezas, faltan todas las mitades.
Abrazar la efervescencia marcada por la ventura de los años.
Vivir sin atesorar eternindades ni anhelos místicos.
Amar el hechizo de un sacrilegio de amor.
Pasado, presente, futuro. Deshacerlos en etiquetas,
en remembranzas, en utopías.
Sin pactos ni promesas, sin acuarelas ni beldades postizas.
Amarrarlos a cualquier firmamento de papel
y quemarlos en la huída del tiempo, de la vida.
Morir con ellos, después, en silencio.
Renacer inocentes de todo, de nada. Sin permisos ni actas juradas.
Romper las botellas que se fueron al mar
y enterrarlas en un cementerio donde se no lloren muertos.
Gratitud, pasión, esperanza. Enhebrarlas a las agujas del destino,
juntarlas al abrazo que se espera, a la pasión que no extingue,
y a la vida, que con excepciones florece.
Imagen tomada de http://www.nosotras.com/wp-content/uploads/2011/02/svsxc5851.jpg
Un ronquido, un acierto, un huracán.
Ellos son una especie de enfermedad.
Son el extremo, orillas equidistantes.
Son el lado opuesto, cara o cruz.
Se me escapa un recuerdo de ti.
Se me escapa la franqueza de estos sentimientos.
Esos que me dicen que aún, que todavía, sigues aquí.
Sin pretextos, sin necesidades, simplemente lo estás.
Me pasa que los razonamientos y las lógicas se han quedado sin respuestas.
Enrededados en explicaciones injustificadas,
en el intento vano de algo por coincidir,
en el calendario de solo domingos.
Llegaste en forma de ronquido, de acierto, de huracán.
Te fuiste detrás de una cabalgata de utopías que iba más allá de mí, de nosotros.
Y ya no importa lo que haz sido, lo que somos.
Tus formas se desvanecieron levemente,
entre ríos de memorias en sepia,
entre nostalgias maquilladas y
desamores arrancados de piel en piel.
Hoy me vienes en recuerdo, en melodía, en poesía.
Hoy tus ojos negros son ese otro fantasma que no se va.
Llegas y me abres el pecho de extremo a extremo,
matándome, dejándome, llevándote... esta vez el miedo,
y las penas.