Inevitablemente me pregunto una y otra vez por qué siempre vuelvo al mismo lugar, desgastado, arbitrario, gris, insensato y olvidado. Ojalá y con él fuera tan fácil voltear la página.
16 noviembre 2012
Cuando tiene que pasar
28 diciembre 2010
Nostalgia
Un tiempo después del ayer, en medio de la desnudez de la vida y de los recuerdos que albergan los mejores años, los inolvidables momentos del "nosotros" llegaron para hacerme compañía. Vi tu rostro adormecido por la música del silencio que quedó después de romper el hielo de la fría noche. Escuché los latidos de tu alma acalorada y pinté cien trozos de caricias dentro tu ser, tatuajes imaginarios en tu piel y carruseles inventados una y otra vez.
Siento desvanecer cuando las respiraciones entre cortadas van gimiendo despacio y adoloridas. Es el pasado de tu amor, el ayer de las pasiones nuestras, juntos envueltos entre las sábanas, comiendo de las hieles de un cariño distinto a los demás. Más allá del azul de los cielos y de la oscuridad del universo descubrí la aurora de la noche detrás de tus ojos encendidos de pasión, en lo ancho y angosto de tu cuerpo y en la humedad de tus labios.
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| "Acariciame la vida entera el tiempo que quieras" |
Bastó solo un tiempo después del ayer para acariciar el dulce placer de tu compañía, grabada en unas viejas fotografías que aún con el paso del olvido, se quedaron entre los nostálgicos recuerdos del "nosotros".
15 diciembre 2010
Nostalgia
Había querido escribirte, pero sentía que no era necesario. Hoy me quitas el sueño, me ahogas en la desesperación y pierdo de nuevo la calma que había ganado en semanas.
Había querido llamarte, pero no debía hacerle caso a los impulsos ni a las emociones. He sido esclava de ellas y de los vagos sentimientos, que vienen y van cada vez que recuerdo tu nombre cuando suena una canción de Draco Rosa o me pongo a leer algunos poemas de Benedetti.
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| No ha parado de llover...mientras estés lejos |
Con unas copas de más, la lluvia de noviembre en San Agustín y los rayones en el tablero he intentado despejar la mente de tu recuerdo. Y llega esta soledad que no me hace bien, que me arrastra con sus llantos efímeros y se acuesta conmigo todas las madrugadas. No la invito, no la llamo, pero ella tan insistente toma su lugar y se sienta a mi lado mientras los dolores por tu ausencia se embriagan de ella.
Había querido escribirte, y aquí me tienes: escribiéndote unas cuantas líneas que saben a romanticismo nostálgico.
26 diciembre 2009
En el mismo lugar
Robertto miró por la ventana de reojo y vio por última vez los recuerdos que lo mantenían apegado al mismo lugar. "Duele y cuesta trabajo soltar las riendas cuando se ha vivido por tantos años al lado de aquellos a quienes jamás se extrañarían por la distancia y el olvido de los años", le dijo Santiago antes de embarcarse al autobús.
"A veces necesitas tomar decisiones que duelen y debes asumir. Deja todo atrás, olvídanos y jamás regreses". El tiempo se entrecortó un par de segundos para los dos amigos de infancia, que veían rotas las promesas hechas en el patio de 'el abuelo', cuando a sus 8 años las tardes debajo del naranjo se iban sobre la hamaca colgada en el árbol.
El autobús despedía los adioses que nunca llegaron a darse. En él, los primeros años de juventud se quedaron detrás de la carretera y las montañas de Andalucía. Robertto no lo decidió, sus sueños metidos en el corazón lo hicieron por él después de días y noches deambulando entre los rastros de un pueblo escondido y un horizonte extranjero lejos de casa.
"Te acuerdas de Penélope", -le dijo Santiago- nunca supo mirarme bonito, no lo entendía cuando tenías 15 años, ahora me doy cuenta que nunca le gustaron mis ojos negros. Eso pasa cuando ni siquiera sabes lo que siente el corazón de una mujer. Que no se te pase la vida buscando la manera de entenderlo, solo echa raíces cuando alguna de tantas te mire bonito.
_Creo que ya lo descubrí_ sonrío Robertto;
_¿Qué cosa?_
_La mirada bonita de una mujer puesta en un hombre. Ayer cuando estaba acostado en la hamaca de 'el abuelo' llegó Anastacia y le dije que me iba de Andalucía. No me dijo nada, solo me miró y se sentó en el banco. Por primera vez, supe que la extrañaría más que las veces que ella se iba de vacaciones.
_¿La quieres?
_ Puede ser, pero los sentimientos no son para siempre.
_Ya empieza a llover de nuevo.
_Antes me gustaba cuando llovía. Te acuerdas cuando nos íbamos al arroyo de la casona y nos tirábamos por el resbaladero hasta empaparnos de fango; la limpia que me daba mi mamá me dejaba tumba´o hasta el día siguiente. Lo que más extrañaba de no poder salir de la casa, era nuestras conversaciones de niños grandes en la hamaca del naranjo.
Algunos cientos de recuerdos se escaparon con las gotas de agua lluvia que amenazaron con un aguacero torrencial. Los años pasados se quedaron en la terminal de autobuses anunciando que todo cambiaría y nada quedaría intacto.
Como Robertto, otros se marcharon y yo me quedé esperándolo en el mismo pueblo perdido. Pero aquello de dejar todo atrás, olvidarnos y jamás regresar, sí lo escuchó.
_Creo que ya lo descubrí_ sonrío Robertto;
_¿Qué cosa?_
_La mirada bonita de una mujer puesta en un hombre. Ayer cuando estaba acostado en la hamaca de 'el abuelo' llegó Anastacia y le dije que me iba de Andalucía. No me dijo nada, solo me miró y se sentó en el banco. Por primera vez, supe que la extrañaría más que las veces que ella se iba de vacaciones.
_¿La quieres?
_ Puede ser, pero los sentimientos no son para siempre.
_Ya empieza a llover de nuevo.
_Antes me gustaba cuando llovía. Te acuerdas cuando nos íbamos al arroyo de la casona y nos tirábamos por el resbaladero hasta empaparnos de fango; la limpia que me daba mi mamá me dejaba tumba´o hasta el día siguiente. Lo que más extrañaba de no poder salir de la casa, era nuestras conversaciones de niños grandes en la hamaca del naranjo.
Algunos cientos de recuerdos se escaparon con las gotas de agua lluvia que amenazaron con un aguacero torrencial. Los años pasados se quedaron en la terminal de autobuses anunciando que todo cambiaría y nada quedaría intacto.
Como Robertto, otros se marcharon y yo me quedé esperándolo en el mismo pueblo perdido. Pero aquello de dejar todo atrás, olvidarnos y jamás regresar, sí lo escuchó.
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