29 abril 2015

Vaciando maletas

Finalmente desempaqué todas las maletas. Las que traía a cuestas a causa de este cariño de tiempo inconfesable.

Te miré desde la distancia, ya no como se quiere y se extraña a la vez. No. Esta vez, desde mis propias lógicas y razonamientos.

El velo transparente de la verdad se rasgó y con un suspiro se deshizo inevitablemente lo que callaba conscientemente, pero me gritaba en silencio a mí misma: tú no eres, ni tampoco lo serás. Ese, el hombre de mi vida. No eras el para siempre, ni el ojalá cumplido. No.

Imagen tomada de Pinterest
Leí entre líneas que mis tristezas solo se aferraron a la idea, al ilusorio fantasmagórico de un “nosotros” idealizado. Porque no eras.

Te tracé casi tan perfectamente, que me olvidé de ti. De tus silencios lejanos, de tus letargos. Te amé, pero no eras tú, eran otros ojos, otro brillo, otras palabras, otra voz. No eras tú. Era yo, inventándote, recreándote como un viejo sueño, eterno, que no moría. Que era para toda la vida una triste y olvidada fantasía de mis amores.

Por eso, entonces te desempaqué como una maleta, como aquel equipaje lastrado y apolillado por el tiempo, para sacarte y tirar las nostalgias, los recuerdos, los espejísmos. Para quemar las fechas y el ayer, para vaciarte… para vaciarme de ti.

27 abril 2015

Una felicidad triste

Irresuelta y sin absolutos. A excepción de la muerte, esa que es verdad y destino certero. Me revelé contra todo pronóstico. Decidida, egoísta y apasionada, como siempre, como nunca.

Tenía los pies embarrados de nostalgias por intentar caminar de vuelta al pasado. Las manos frías y heladas por abrigarme en un futuro inestable e incierto. Y el corazón contrito, remendado con la tierra infértil del presente.

Tenía toda la culpa, por inventarme una historia imposible, por aferrarme a la utopía de unos ojos grises y hacer eterna una felicidad a medias, inacabada y triste. Sí, una felicidad triste. Hasta en eso resultaba siendo ambivalente y caóticamente existencial. Con el drama del desamor cosido al alma, como quien colecciona corazones rotos y acaba desgarrándose desde adentro, para siempre y luego queriendo resucitarse a sí misma.

Yo no tenía ni idea de lo que hacía o hacia dónde debía ir. Sin embargo, dejaba que el peso de mis incontables frustraciones acabara muriéndose mientras escupía mis pensamientos en prosa libre, e inentendible para los otros.

La carga de mis propias cruces debía llevarla yo y nadie más, entonces, al escribir de manera incorregible y sin puntos finales, siempre en suspensivos, dejaba que mis historias del tiempo, de la vida, de mis años terminaran en una especie de coleccionario, que de vez en cuando me recordaban cuán irresuelta estaba mi vida.

Irresuelta según los dogmas y estereotipos sociales, que inevitablemente me acuchillaban la conciencia en forma de reproches de terceros. Irresuelta por ignorar todas las señales y encapricharme casi demencialmente con el mismo patrón de hombres. Irresuelta por mandar todo al carajo cuando todo parecía perfecto y dar cincuenta pasos hacia atrás, volviendo a casa y ensimismarse en mis propios males y frustraciones de veinteañera.

Tenía 27 cuando descubrí que lo único que me quedaba por hacer era escribir… escribirme. 

20 febrero 2015

No te perdono

Es un desastre, lo sé. Es una batalla perdida. Eso lo sé de sobra. Pero una vez más busqué el atajo para ganarte la partida. El juego me dejó endeudada, contigo. Fue un día, uno solo. Fueron 24 horas y un café de por medio. 

Hoy en mis oídos retumba esa vieja melodía, entonces se me encadena el alma a los recuerdos. La rosa que se me deshizo en el pelo. El libro con una dedicatoria idílica. Los fuegos artificiales que me explotaban en los ojos, en el corazón, en el alma. Y enero... eras tú.

Era yo, desnudándote, descosiéndote, incitándote a que fueras huracán en un verano que solo ardía en nuestros cuerpos. Era yo, enamorándome de ti y perdiéndolo todo al instante, porque salté y caí en un precipicio por culpa de tu huida y mi pasaporte vencido. 

Es un desastre, lo sé. Porque lo peor de no jurarnos una historia como otra más, no había sido ponerle a todos los acordes punto y final, sino borrarlos y quedarnos como siempre... inconclusos. Haciéndole mofa al maldito destino. Por eso no te perdono. 

03 febrero 2015

Vayamos a naugrafar un rato amor mío

El tiempo pasa.

El poema que no le leyó. Ya no son nada, cuando ayer aún lo eran todo.
Él suspira y ella lo recuerda. Nunca supo por qué fue. Ella no lo sabe, ni lo sabrá.

No ha de olvidarlo aún, todavía no. Se quisieron demasiado, tal vez.
Aquel sentimiento de antaño, ella se lo cosió en el alma. Como un puñado de estrellas incandescentes que queman. Como las sonrisas dormidas aún en la memoria. Como el adiós detenido en la estación del tren.  Como un recuerdo adormitado que sueña, que duerme y que es eterno. Que es para siempre.

El tiempo pasa.

Una fotografía. Sus ojos. Él sonríe y ella llora desde lejos. Una carta triste y un corazón contrito.
A él, para él, por él. Porque la dejó de querer. La olvidó y nunca supo porqué.
De pronto ella se encontró vacía, como el otoño seco. Le dijo adiós, llorando sin lágrimas, supo entonces que jamás regresarían... Sin razón, sin voluntad, sin cariño.

Fue un viaje detenido en su historia, en sus vidas, en sus almas. Naufragando entre sueños y nostalgias de otras vidas, de otros seres.

02 febrero 2015

Florece vida, florece corazón mío

Abrazar el pasado con gratitud. Hacerlo explotar. 
Pasado de duelos. Vivir el presente con pasión. 
Presente de dudas, presente de huídas. 
Amar el futuro con esperanza. Creyendo en lo que no se ve, 
en lo que no se espera. Sobran las certezas, faltan todas las mitades. 

Abrazar la efervescencia marcada por la ventura de los años. 
Vivir sin atesorar eternindades ni anhelos místicos. 
Amar el hechizo de un sacrilegio de amor. 

Pasado, presente, futuro. Deshacerlos en etiquetas, 
en remembranzas, en utopías. 
Sin pactos ni promesas, sin acuarelas ni beldades postizas. 
Amarrarlos a cualquier firmamento de papel
y quemarlos en la huída del tiempo, de la vida. 

Morir con ellos, después, en silencio. 
Renacer inocentes de todo, de nada. Sin permisos ni actas juradas. 
Romper las botellas que se fueron al mar 
y enterrarlas en un cementerio donde se no lloren muertos.

Gratitud, pasión, esperanza. Enhebrarlas a las agujas del destino,
juntarlas al abrazo que se espera, a la pasión que no extingue, 
y a la vida, que con excepciones florece.


Imagen tomada de http://www.nosotras.com/wp-content/uploads/2011/02/svsxc5851.jpg

26 enero 2015

Diez putos años




Recuerdo que al llegar la mañana me miraste. Me distraje de todo y entonces lo que conocía por suelo terminó siendo cielo e infierno a la vez. Una combinación de atar que se me hundía en la sien. Adentro, afuera, alrededor. Una especie de absoluto postergado entre bocas, entre pieles, entre almas.

Desajustaste las tuercas oxidadas sin el mínimo esfuerzo. Después, con la llamarada encendida de tus filos, atravesaste en silencio todos mis letargos. Dibujaste en mi costado siete lunas plateadas y sucumbiste a flor de piel en una especie de intimidad que había claudicado a causa de eclipses pasados. 

Me estrujaste desde adentro. Con tus ojos, con tus labios, con tus dedos... con tu humanidad animal.Y sin más palabras que gemidos me deslicé sobre ti. Consumando los segundos, desgastándome en la desnudez infinita de tu alma y de la mía. 

Ya extasiados, recuerdo que al llegar la mañana me miraste. Y vi que en tus ojos aún llevabas restos del cielo de la noche anterior. Desde entonces fueron tuyos mis segundos, mis silencios y mi finito. Desde entonces nos anclamos más allá de los quejidos y del hormigueo visceral. Desde entonces tú y yo somos más que esto, sin que notásemos que nos había pasado una puta década.

24 enero 2015

Hoy me vienes en recuerdo

Un ronquido, un acierto, un huracán. 
Ellos son una especie de enfermedad. 
Son el extremo, orillas equidistantes. 
Son el lado opuesto, cara o cruz.

Se me escapa un recuerdo de ti. 
Se me escapa la franqueza de estos sentimientos. 
Esos que me dicen que aún, que todavía, sigues aquí. 
Sin pretextos, sin necesidades, simplemente lo estás. 

Me pasa que los razonamientos y las lógicas se han quedado sin respuestas. 
Enrededados en explicaciones injustificadas, 
en el intento vano de algo por coincidir,
en el calendario de solo domingos.

Llegaste en forma de ronquido, de acierto, de huracán. 
Te fuiste detrás de una cabalgata de utopías que iba más allá de mí, de nosotros. 
Y ya no importa lo que haz sido, lo que somos. 
Tus formas se desvanecieron levemente, 
entre ríos de memorias en sepia, 
entre nostalgias maquilladas y 
desamores arrancados de piel en piel. 

Hoy me vienes en recuerdo, en melodía, en poesía. 
Hoy tus ojos negros son ese otro fantasma que no se va.
Llegas y me abres el pecho de extremo a extremo, 
matándome, dejándome, llevándote... esta vez el miedo, 
y las penas. 

22 enero 2015

50 otoños de poesía y versos gastados





Viendo a través de tus ojos, veías a través de los míos.
No te dije nada, tampoco lo hiciste tú. 
Nos deshicimos en espejímos, en arandelas transparentes.
Nos perdimos en límites paralelos. 

Tu vida y la mía, nuestras vidas se habían gastado en un frasco viejo de recuerdos. 
En un diccionario limitado de despedidas, en una carta en blanco que murió en otoño. 
Nos deshicimos 365 veces, nos tejimos otras 365 veces de vuelta. 
Con un beso endeudado, con una caricia en el aire, 
como quien espera otra u otras. 
Como quien aún siente los huesos pegados al alma, pero sabe que ya están rotos. 

Tú y yo cosimos palabras en medio de días floreados y de noches escarchadas. 
Después nos quedaron pendientes como 50 tazas de café al despertar.
Adeudamos "te quieros" secos, maquillados, anulados, perdidos. 
Y luego, tejimos un par de sueños más a través de las hileras invisibles 
de nuestros sentimientos. "Qué los sueños sean mentiras de verdad", 
me lo tatuaste en el alma. 

¿Qué veía en tus ojos?, ¿qué veías en los míos? 
Un arcoiris desteñido en mitad de 50 otoños de poesía y versos gastados. 



*Imagen tomada de https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/736x/6b/03/a4/6b03a468f7860319e6a16c3260886f18.jpg 

15 enero 2015

Versos que no riman


Romperse dentro. No. Esta vez no.
Tumbarse en medio de una colina de sueños oxidados.
No hay repuestos para las ausencias. 
Ni él se va a marchar ni ella tampoco.

Penas endeuda...
Ella parece sin fuerzas; enredada en la piel de otro. 
Sin miedo, tejiendo valentía con suspiros del alma. 

Viejas cosas, viejos recuerdos del querer
Envueltos en caricias, en cariños, en complicidades. 
En miradas de vueltas. En silencios ilimitados.

La piel no se gasta, el amor no deja de ser. 
La poesía. Ellos son la poesía. 

31 diciembre 2014

¡Salud 2015!




Le quité las pilas al reloj, para ver si así el tiempo me prestaba un par de horas más. Quise detenerlo después de que amaneciera. Y amaneció enero sobre ti. En tus labios, en tus ojos, en tu cuerpo desnudo, en tu piel. 

Aquello fue solo un pensamiento utópico. Un pasaje que dibujé mientras se iba otro año más y le pedía a las estrellas un "ojalá cumplido". Pero creo que ya va siendo hora y tiempo de aterrizar las ideas fantasiosas. De sobreponerme a todos los miedos injustificados que se atrincheraron pálidamente. De cortar las raíces a amores fantasmas, imposibles y dañinos. 

Por un tiempo dejé que la arena se volviera barro y que el universo reventara todas las mañanas en mi taza de café. Por un tiempo fui ciega, sorda y muda. Era simple y justificado. Por un tiempo los ciclos se volvieron un vicio y los malos hábitos parecían tatuarse profundamente en la rutina diaria de mi existencia. 

"Quemar el tiempo pasado". Creía que lo hacía con horas interminables de poesía, de besos robados, de amores fugaces, de sueños plausibles. Lo creía. 

Pero vino de golpe este instante, en el que todos los pensamientos se acomodaron tranquilamente. Recapacité sin lógicas ni razones absolutas, empecé a alejarme de quienes creía que eran más que compañeros de viaje. Busqué alejarme de ellos y de mí misma. 

De rastrillarme cuestionamientos absurdos sobre el pasado, el futuro, el amor, la vida, el tiempo, el dolor. Desacomodé todas las cartas que creía puestas en su sitio. De empujarme a las vías contrarias que me alejaban de mi centro, de mi norte, de mi sur. De cuestionarme sobre incógnitas irresueltas. De buscar respuestas a preguntas que no las tenían. 

Me tumbé en el suelo. Y allí estaba. El cielo de esta ciudad, forrado de estrellas. Recordándome el "ojalá cumplido" de tiempo atrás. Me tumbé cansada de mi propia impaciencia, de viejos resentimientos, de odios viscerales, de anhelos prestados. Llegué al límite, rompí el ciclo insano. 

Iba por la vida creyendo en las irregularidades, atracando en pasiones hostiles, endeudándome con enojos efímeros. Pero todo lo sucedido, todo lo pasado me ha permitido tener la certeza de algo a mis 26: la vida es un eterno viaje de subidas y bajadas. Y aquí estoy en bajada. Tomando el impulso para subir otra vez. Ciertamente la felicidad no es prestada, es una elección. Elijo ser feliz en este 2015. 

Un desafío, enfrentándome a una nueva perspectiva, a un nuevo yo que desconozco pero que aflora en mi interior, exigiéndome esta vez la lucha inacaba por encontrarme nuevamente y redescubrime. Pero sobre todo, a creer que hay promesas que sí se cumplen.

¡Hola 2015!

25 diciembre 2014

De corazón a corazón

Una foto tuya. Un recuerdo atiborrado,
y esos ojos que delatan una vida entera. 
Construí una cápsula de tiempo para atesorarte en la poesía. 
Es la única forma cuerda de tenerte.

Te quiero y te he querido antes y después de haberte dado tiempo. 
Un beso, ese que te di ayer. Ese que guardé en la luz infinita del ayer, del hoy.
Fingí que no te quise y jamás lo supiste. 
Entonces te soñé en la distancia y te lloré también. 
Te soñé una y otra vez. 
En mis sueños reconocías este amor inadvertido.

Te besé cincuenta y cinco veces el alma. 
Me guardé tus miradas en el calendario. 
Escondí tus besos en mi piel. 
Desarmé tu armadura solo una vez. 

Una foto tuya y esos ojos que aún ignoran que los miro, 
que los amo, que los echo de menos. 
Fingo una sonrisa. Ahogo el sentimiento de quererte con locura, 
y sé que tú jamás lo sabrás.
 

18 diciembre 2014

Ni poemas de amor, ni Serrat

Deshojar el tiempo, tachar las lunas del calendario, vaciar la taza de café y terminar la noche con menos suspiros que la anterior. 

Ahí en el tintero había algo más y detrás de eso también. Estaba el azul celeste de aquella bóveda infinta que llaman cielo. Colgaban los recuerdos, tus memorias, las mías, las nuestras. Y así como un soplido fugaz y fuerte me llegó de golpe su nombre... tu nombre. Ausente, perdido, olvidado, pasado, lejano, nostálgico. 

Estaba en sepia, tan nítido y lúcido como ayer, cuando en vez de tiempo, deshojábamos margaritas, retando al destino sobre el futuro incierto que desconocíamos: "¿me quiere?, ¿no me quiere?". Un beso y una noche juntos nos bastaban en ese entonces. 

¿Y hoy? Ya no tengo margaritas, ni besos ni noches. Aquí con el tintero vacío, sin el azul celeste del horizonte y un café con sal hemos ido desandando caminos viejos, a blanco y negro. Teñidos a la mitad y cubiertos de musgo a causa del imperdonable paso del tiempo.

Hoy, restan los recuerdos, pero ¡cómo suman tantos deseos incumplidos! Verte por segunda vez, por tercera, por cuarta, por quinta o por décima vez antes de que abrieras los ojos en la madrugada y quedarme viéndote, en silencio, sonriendo, queriéndote y después volver a dormir y guardarme tu figura de memoria en mi alma; así como se atesoran los detalles más queridos e invaluables. 

 Ni calcetines perdidos en fondo de una maleta, ni poemas de amor, ni Serrat... solo tiempo, solo eso.

14 diciembre 2014

La vida es efímera, el amor también

Todo es efímero.

En la inmensidad absuluta de tus ojos grises yo me perdí cuando te vi por primera vez. Y con el paso de los años te di un rótulo inacabo y eterno como la poesía: amor. 

De vez en cuando me columpiaba sobre tu espalda para amarte en silencio, cuando nuestras soledades no eran tan amargas ni distantes. De vez en cuando te susurraba canciones inventadas para que supieras que estaba aniquilada por ese, tu misterioso encanto. 

"La vida es efímera y más el amor, corazón mío". Me decías cientos de veces. Pero yo era sorda. Yo te alegaba con un puñado de poesías y declaraciones, era mi forma de ignorar tus sentencias y desvertirte los miedos infundados que habías cosido como escudo invensible. 

Entonces nos vino de golpe la distancia y tú y yo quedamos atrapados en brechas fugaces de tiempo, de vida, de amor, de pasado. Nos volvimos algo efímero, pasajero y vacío, como suele suceder con la literatura sin alma y con la música sin sentimiento. 

Tú y yo corazón mío, nos partimos a la mitad.


12 diciembre 2014

El infierno de nuestras bocas


Íbamos de paso por aquella ciudad de ruinas y de marihuana. Donde los cielos estaban en el piso y el firmamento tiritaba en el infierno de nuestras bocas.  

No éramos rebeldes ni mucho menos luchábamos por causas perdidas. Nosotros éramos jóvenes con pieles de viejos, amordazados por los prejuicios que nos desteñían la vida.

La música, el cine, la poesía, las golondrinas de Bécquer, los existencialismos de Cortázar, la livianez de "La Maga" y el sin sentido de Horacio Oliveira los llevábamos en la cien, cosidos en la memoria y en nuestra carretera.  Éramos andariegos olvidados que se refugiaban en la magia inexistente de la filosofía y en las ataduras de nuestros ancestros.

De vez en cuando éramos niños atrapados en cuerpos de gigantes. Navegantes permanentes de horizontes verdes y de estrellas fluorescentes que nos estallaban en la cabeza. Sí, nos arrastramos en el caos y en la droga de la ciudad, en una perdición a cuestas que nos descosía invisiblemente la existencia.  

Íbamos de paso...Nos quedaron cientos de formas de hacer el amor, de comernos de día, de madrugada, al anochecer. 

Mientras el caos de afuera nos descosía, en el grito insensante de nuestro sexo resucitábamos una y otra vez, descargados, inocentes, radiantes, enamorados, felices. Sin nostalgias ni recuerdos grises... allí inventábamos un silencio, un cielo, una vida, un paraíso, un firmamento que tiritaba en el infierno de nuestras bocas. 

21 noviembre 2014

Náufragos de la memoria

Él no la quiera, ella lo ignora.
Parecieran amarse, reinventarse desde sus propias cenizas. Pero su todo es un inevitable. 

Él va y vuelve, ella lo espera. Como se esperan aquellas cosas que siempre encuentran su camino de vuelta. Ellos no van en contravía, ni tampoco fueron hechos en tiempos disímiles. Ellos se escogieron el uno al otro, y ahora son fantasmas irreconocibles de sus propias angustias y olvidos miserables. 

Él se despide, ella lo espera, como siempre...

Dejaron de escribirse, de buscarse, de extrañarse, de quererse... dejaron que el tiempo se llevara el amor, el cariño. Se reconciliaron con sus soledades, con la melancolía adversa, con la vida dejada a medias. 

 "Recordar es evocar el ayer con ojos tristes, perdidos y atrapados en el olvido", le escribió ella alguna vez. Hoy, recoge sus pasos en una historia resumida en una carta, en un botón, en una fotografía, en una camisa descosida, en unas medias rotas, en unos pasos en la tarde, en un café en la mañana, en unas tostadas de sal, en un amanecer escondido debajo de las sabánas, en una estrella perdida entre sus lunares, en un te quiero pegado en la almohada, en unos ojos grises y en unos besos secos.  

Hoy, no son más que náufragos de la memoria y del engañoso corazón que de vez en cuando se empeña en recordar aquel cariño triste y del alma.
 

18 octubre 2014

Aquí ya pasó un mes

Tenía mis dedos enmudecidos, silentes, desgastados. El cielo estaba repleto de orificios. Aquel aguacero lo había descosido de punta a punta y así estaban ellos. Buscaba la forma de hacerlos hablar, de sentir, pero solo sabían estarse quietos, des-coordinados. Protestando en contra de mí misma y de los sentimentalismos que de vez en cuando sucumbían mis pensamientos, haciéndome trajinar en suposiciones y extravíos.  


Las agujas del tiempo se habían descolgado y el reloj siempre daba la misma hora, el mismo día. Allá afuera era otra semana, otro mes. Era distinto y yo en cambio no lo era. Pero muy en el fondo sabía que él y yo eramos tan desiguales y eso era lo que había pasado. Nos deshojamos inevitablemente, nos secamos, nos descosimos y se enmudecieron mis dedos, mis labios. 

Ojalá y hubiera sido como aquella última hoja verde que cae en otoño y aún no se ha envejecido. Ojalá y ese cielo no se hubiera reventado en lágrimas. Ojalá y nos hubiéramos quedado en la primera, en la segunda y en la tercera vez. Ojalá hubieras atravesado sin timidez mis entrañas y hubieras negado todas tus verdades. 

Ojalá y no hubieras sido solo un deseo cumplido y estos diez años no me calaran en el alma cada vez que mis dedos han decidido escribirte. 


*Imagen tomada de http://media-cache-ec0.pinimg.com/236x/d3/a5/8c/d3a58c24c567b9a446fc0cfbcc484855.jpg 

07 octubre 2014

20 de septiembre

Echar de menos. Eso es lo que pasa cuando la memoria no se tiñe de otra piel que no sea la tuya. Te veo en la llovizna de octubre, en el frío helado de la noche, en la calle oscura de la ciudad, en la canción del olvido, en el poema de Salinas, en la soledad de siempre, en los recuerdos que tiritan. 

Duermes en un pedazo de mi alma, en toda tal vez. Haciendo añicos las sonrisas y dejándome en tristezas que embargan el corazón de un sentimentalismo de antaño que no se quita ni con poesías ni con cafés.  Te quiero y lo sabes. Te extraño y lo sabes. Eso es lo peor de todo, que llevo la vida después de ti deseando arrancarte de un tirón y echar a los bruces del tiempo, diez años perdidos en la nada. 

Echar de menos. Todas las noches, todos los días y hasta cuándo ya no duela tanto y hasta cuando de tanto extrañarte, pueda extrañarte cada vez menos. Me desvié de los semáforos en rojo, tomé la avenida que conducía a tu cuerpo y me enredé en los laberintos angostos de tu pecho. 

Condensé una década de nuestra vida en ocho horas atrapados en la carne, en el deseo, en el amor flotante que nos condenaba y nos liberaba. Te miré, me miraste, nos miramos y de repente las ausencias de los 365 días de todos estos años se desvanecieron entre besos que parecían eternos y miradas que callaban tanto.

Ese día te quise con mi vida entera. Lo sabías. Ese día también quebraste los pedazos rotos del corazón, con los que también te adoraba. 

11 septiembre 2014

Es septiembre

"Me gusta estar al lado del camino, fumando el humo mientras todo pasa". Ay Fito, no sabes lo que causan esas palabras. 

Decidí abandonar las ropas viejas, usadas y gastadas. Decidí tomar el riesgo y lanzarme de bruces contra las improbabilidades. Ya no estoy esperando la aprobación de nadie ni mucho menos esperando que las cosas sucedan. Aquí estoy, decididamente a buscar lo que hace más de diez año no vi, ignoré y rechacé. Hoy voy tras él, porque a veces es bueno seguir al corazón y si es de equivocarse, después yo misma lo coseré. Es la vida... Es la vida, me digo a mí misma, me lo repito una y otra vez. 

El amor, el desamor, los miedos, los sueños.... Estar al lado del camino y fumarse la vida mientras todos pasan. Quedarse en el mismo lugar, espabilando de vez en cuando y echando algunas pisadas. Somos humanos, somos de carne y hueso, pero toda esta carrera tan desesperante pareciera ser una causa perdida. 

Sí, es justo porque vivimos para aventurarnos, para tropezarnos y seguir hacia adelante, pero también para buscar el reconocimiento del otro y tener un lugar. La vida. La muerte. Al final solo nos quedan unos trapos nuevos que se comerán los insectos y todo el éxito y la fortuna serán tan efímeros como la vida misma. 

Ambivalente y encantada. Perdida y olvidada. Soñadora y sensible; y a ratos poesía de carne y hueso. Vivir, ¿por qué es tan difícil vivir? 

08 septiembre 2014

Soledad y nostalgias

Hoy la nostalgia me apretuja el alma. 

Tomé la decisión de renunciar, de irme de este lugar, de perderlo todo para volver a encontrarme a mí misma. Esta vez ya no estoy rota ni deshecha. No soy aquella muchachita de cabellos largos, ni mirada profunda... no soy la misma. 

Me había perdido a mí misma y aquí estaba con más de tres puntos suspensivos. Intentando y buscando. 

***

Una vieja amiga que viene de vez en mes. A robarme los silencios y a llenar los espacios vacíos. No pide café ni cigarrillos. Solo se mete conmigo debajo de las sábanas mientras mis pensamientos van buscando forma entre letras y poesías. 

No le digo nada. Al cabo de estos años ya me he acostumbrado a ella. Es ausente, pero sabe cuándo debe volver. Y esta noche ha vuelto conmigo. Aquí está, a mi lado. Ella cree que la ignoro, pero no. Aunque quisiera que no volviera jamás, la necesito aquí, porque esta vez a diferencia de otras ocasiones necesito de sus silencios para escuchar mi voz, aunque sea el eco de mis sentimientos. 

Ella...La soledad, sigue estando aquí, callada y llena de tantas nostalgias.  

26 julio 2014

Que el "para siempre" sea definitivo

Escribí: "Hay recuerdos que nos hacen más daño que bien", pero no era porque lo estaba sintiendo ni padeciendo. Fue simple inercia: leer algo tan certero, pero que por primera vez no tenía ninguna relación conmigo, fue simplemente una frase que elegí al azar y decidí colgarla sin ningún motivo, razón o sentimiento. 

Y eso es lo que me suele suceder por estos días. Pareciera que toda aquella demencia existencial que retumbaba insistentemente en lo más profundo de mi arrugado corazón se ha desvanecido, ya no está. Me levanté y ya se había ido. Así no más. Dejé de cuestionarme a mí misma, de reclamarme, de buscar caminos sin salida y pasó de todo. Eso fue lo más emocionante, que después de insistir por más de 365 días y 100 amaneceres, aquel pedacito que aún resistía a romperse, se desbarató. Y aquí estoy, dejando que todo fluya, sin golpes en el corazón, porque aprendí a remendarlo sin las manos de otros... Aquí estoy, dejando que la música, las palabras y este presente sigan avanzando sin premeditaciones. 

Estaba exhausta. Aquellas divagaciones que venían en forma de papel las tiré, las puse en la cesta con la clara intención de que se extravíen entre las enormes calles de esta ciudad, para que el "para siempre" deje de ser una mera utopía y sea mi definitivo.